En este escenario de crisis deficitaria del Estado, la primera potencia imperial sólo puede evitar el default (cesación de pagos) por medio de 1) una nueva emisión deuda pública (elevar techo), 2) recorte del gasto público (ajuste social), o elevación de recaudación fiscal (impuesto a empresas y ricos).
Los republicanos en el Congreso boicotean la suba de la recaudación fiscal (mediante el cobro de un mayor impuesto a los ricos), y extorsionan a Obama con la elevación del techo de la deuda (nuevo endeudamiento) a cambio de un ajuste económico (reducción del gasto público con impacto directo en los estratos más bajos).
El partido republicano y todas las fuerzas de la derecha conservadora propone que se encare el problema del déficit con fuertes recortes en el gasto público, o se negará la autorización para elevar el techo de endeudamiento.
Los demócratas con Obama, (atendiendo a sus necesidades electorales para las presidenciales del año próximo) proponen evitar el ajuste y aumentar la recaudación fiscal cobrando impuestos a los bancos, empresas y sectores más ricos. En esa contradicción están empantanadas las negociaciones.
Un "default" estadounidense es una situación tan inusual que es difícil aventurar hasta dónde llegaría su impacto sobre la economía del país y sobre la economía global.
Simultáneo a la amenaza de default y a los dudosos anuncios oficiales de "recuperación gradual" de la economía global, el dólar estadounidense experimenta una caída constante en su cotización que no parece tener fin.
El derrumbe de la divisa estadounidense es paralelo, a su vez, a una escalada ganancial de de los consorcios empresariales y de los mercados de especulación financiera acompañada de una nueva suba de los precios del petróleo y de las materias primas (incluidos los alimentos).
En este marco, Obama advierte sobre "una profunda crisis económica" y exige que esté lista para los próximos días una propuesta que pueda firmar y que confía en que "la Nación no caerá en el impago"
En el mundo de las finanzas, la hipótesis de que, a partir del 2 de agosto, Estados Unidos no pueda cumplir con sus obligaciones, se ve como la madre de todos los desastres: el detonante de una crisis financiera y de una nueva recesión de la economía.
En el peor escenario -señala la cadena BBC-, se podría resumir con una cadena de hechos que desataría una muy fuerte caída del dólar, una subida de las tasas de interés y una bajada en la calificación crediticia del país.
Los cuatro resultantes internos del default
Si el Estado norteamericano entrara en cesación de pagos por primera vez en su historia (default) y si el techo de la deuda no es elevado se desatarían cuatro emergentes centrales.
1) Los bonos del Tesoro se devaluarían
Los papeles del Tesoro de EEUU son la inversión más confiable del mundo y la columna vertebral del mercado de bonos mundial. Si Washington se viera forzado a suspender el pago de esas obligaciones a los tenedores, se crearía una crisis de confianza mundial.
2) Subiría la inflación y caería del dólar
La cesación de pago afectaría la credibilidad del dólar estadounidense, hasta ahora la gran moneda de reserva del mundo. La caída del dólar elevaría el costo de vida (inflación) y aumentaría el precio de los bienes importados, que se pagan con la moneda estadounidense.
3) Subiría el desempleo y caería el crédito
Un cese de pagos por el gobierno estadounidense haría más complejo y costoso para ese país volver a pedir prestado, lo que impactaría en una reducción del crédito a la producción y al consumo. Las empresas reducirían la producción, y despedirían empleados (o dejarían de contratar) para seguir manteniendo el nivel de rentabilidad capitalista.
4) Baja del consumo y recesión
Un probable aumento en las tasas de interés en el crédito a la producción y al consumo, con los estadounidenses reduciendo su capacidad de compra, achicaría la economía y desataría un nuevo proceso recesivo en la primera potencia imperial.
El efecto global de un colapso de EEUU
Una recesión económica en EEUU impactaría globalmente en América Latina, China y los países asiáticos que tienen en Estados Unidos al principal comprador de materias primas, productos elaborados y servicios.
Por su entrelazamiento e interdependencia global, hay tres procesos centrales que determinan por estos días el curso de la economía mundial: La crisis fiscal de EEUU, la crisis fiscal de Europa, y la crisis comercial EEUU-China. De esa relación estratégica, depende el equilibrio, o el desequilibrio, del resto de las economías de las áreas periféricas de Asia, África y América Latina.
La UE, en bloque, es la segunda economía mundial, detrás de EEUU.
China, individualmente, ya es, según la mayoría de los analistas, la segunda economía y potencia exportadora mundial detrás de EEUU.
Juntas, esas tres economías centrales (EEUU-UE-China) suman más del 50% del PBI mundial, y están completamente interrelacionadas (son dependientes entre sí) a través del comercio de importación y exportación. Además, China, tiene sus reservas en dólares (US$ 2,3 billones) lo que la ata al destino de la economía norteamericana, para bien o para mal.
Esto significa que: Cualquier desequilibrio en las economías de EEUU (en crisis fiscal) y la UE (en crisis fiscal), impacta directamente en China (en crecimiento pero con problemas potenciales), que arrastra detrás de su expansión económica exportadora al resto de las poderosas economías asiáticas, como Japón, Corea del Sur, Indonesia, India y Taiwán, entre otras (Si se suman estas economías asiáticas a las de EEUU-UE-China, se supera largamente el 70% del PBI mundial).
En el nuevo escenario dominado por la crisis, EEUU no solamente es el primer comprador de productos chinos, sino que además China es el principal acreedor de la primera potencia imperial.
El entrelazamiento financiero y comercial que existen entre ambas economías (la primera y la tercera en el orden mundial capitalista) las convierte casi en hermanas simbióticas: Si se cae China se cae EEUU, y viceversa.
Pero eso no es todo: La Unión Europea, la segunda economía mundial y el otro gran comprador (en bloque) de manufacturas chinas, y con su comercio exterior entrelazado con el de EEUU, integra este trípode de economía capitalista interdependiente anudado por el cordón umbilical chino.
EEUU, la Unión Europea y China, además de representar más del 40% del PBI mundial, son los mayores importadores mundiales de materias primas y energía (petróleo y gas), por lo que se puede inferir que si se paralizan esas economías capitalistas centrales se derrumbarían inmediatamente por efecto dominó todas las economías exportadoras del mundo emergente y periférico.
A su vez, del equilibrio económico del eje EEUU-UE-China (principalmente de China y de los países asiáticos) dependen las exportaciones de petróleo y materias primas, el motor de crecimiento central de los países subdesarrollados y emergentes de Asia, África y América Latina.
En este tablero del "feed back" económico mundial, un colapso del Estado norteamericano conduciría al resto de las economías y Estados centrales a nuevas crisis fiscales y a un proceso generalizado de "insolvencia de pago" que colapsaría al sistema capitalista escala global.
Por Manuel Freytas (*) manuelfreytas@iarnoticias.com
Informe especial
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.