domingo, 20 de diciembre de 2015

Las 300 Hiroshima de Italia

Alemania, Bélgica, Holanda, Italia y Turquía –y probablemente Polonia muy próximamente– están violando el artículo 2 del Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN) al almacenar en sus territorios las bombas atómicas de Estados Unidos.

Por supuesto, en caso de guerra nuclear entre los dos Grandes, los primeros países afectados serían precisamente los que acogen ese tipo de armamento. El instinto de conservación debería impulsar los europeos a rechazar la presencia de ese tipo de armamento en sus países y exigir que se respete el TPN.

Ex gobernador de Moscú, el general Serguei Choigu es hoy ministro de Defensa de la Federación Rusa. También es presidente de la Sociedad Geográfica de Rusia. Hace muchos años que Rusia espera por una desnuclearización simultánea con Estados Unidos. Desgraciadamente, después de un breve momento de vacilación, a principios del mandato del presidente Obama, Estados Unidos optó por la reanudación de la carrera armamentista.

Mientras que la palabra «seguridad» resuena atronadoramente en nuestros oídos, amplificada por los megáfonos político-mediáticos, las palabras del ministro ruso de Defensa Serguei Choigu sobre la cada vez más peligrosa confrontación nuclear en Europa son mantenidas en el más estricto silencio. Ninguna alarma, ninguna reacción gubernamental en Italia sobre lo que dijo el ministro ruso:


«Unas 200 bombas nucleares estadounidenses están almacenadas en Italia, Bélgica, Holanda, Alemania y Turquía y ese arsenal está siendo objeto de un programa de renovación.»

Por esa razón,

«las fuerzas misilísticas estratégicas rusas mantienen más del 95% de sus dispositivos de lanzamiento listos para el combate en todo momento.»

Y mientras que un submarino ruso lanza, desde el Mediterráneo y contra objetivos del Emirato Islámico en Siria, una andanada de misiles de crucero Kalibr –que recorren a baja altitud unos 3 000 kilómetros y alcanzan 3 veces la velocidad del sonido en la fase final de su vuelo–, el presidente Putin advierte que «los misiles Kalibr pueden portar tanto ojivas convencionales como ojivas nucleares». Y agrega que «eso no es necesario en la lucha contra los terroristas y yo espero que nunca llegue a ser necesario».

Este claro mensaje, en realidad dirigido a la OTAN, en particular a los países europeos donde se almacenan las armas nucleares estadounidenses, es presentado en los medios de prensa como «bravuconería» de un Putin que «muestra sus músculos». De esa manera se trata de no alarmar a la población, manteniéndola en la total ignorancia del peligro al que está expuesta.

Las cerca de 70 bombas nucleares estadounidenses B-61, listas para ser utilizadas que se hallan en las bases de Aviano y de Ghedi-Torre [en Italia], están a punto de ser reemplazadas por las B61-12 [también estadounidenses]. Para ello –según documenta la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS, siglas en inglés) con una serie de imágenes satelitales– se ha procedido a modernizar esas 2 bases, que en 2013 y 2014 sirvieron de teatro a Steadfast Noon, el simulacro de guerra nuclear de la OTAN, con la participación de varios aviones de combate F-16 de Polonia, país que se ofreció para acoger aún más bombas atómicas estadounidenses.

La bomba B61-12 es una nueva arma nuclear que puede ser largada a unos 100 kilómetros del objetivo para «decapitar» el país enemigo mediante un primer golpe nuclear. Se borra así la diferencia entre el armamento nuclear estratégico –de largo alcance– y el armamento táctico –de corto alcance. Se ignora cúantas bombas nucleares del tipo B61-12 van a ser almacenadas en Italia, pero un estimado por defecto permite calcular que su potencia destructiva será equivalente a la de 300 bombas como la de Hiroshima.

Según las reglas del Grupo de Planificación de la OTAN –donde figura Italia–, los países donde Estados Unidos almacena sus armas nucleares «ponen a su disposición aviones equipados para transportar bombas nucleares y personal entrenado con ese fin». Pero «Estados Unidos conserva el control absoluto y la vigilancia de esas armas nucleares». La Federación de Científicos Estadounidenses confirma que en Ghedi Torre están almacenadas las bombas nucleares estadounidenses «para los Tornado italianos» y que pilotos italianos se entrenan para utilizarlas. Como está previsto reemplazar los Tornado por el nuevo avión de combate [estadounidense] F-35, los primeros pilotos italianos que completaron sur entrenamiento para los F-35 en la base Luke de la US Air Force, en Arizona, también se entrenaron en el uso de las bombas atómicas B61-12.

De esa manera, Italia viola el Tratado de No Proliferación Nuclear que ratificó en 1975, documento que compromete la República Italiana «a no recibir de nadie armas nucleares ni el control, directo o indirecto, de ese tipo de armamento» (Artículo 2). Italia se ha convertido, por consiguiente, en una base avanzada de la estrategia nuclear de Estados Unidos y de la OTAN y, por ende, en blanco de una posible represalia nuclear.

Lo anterior confiere una importancia vital a la lucha por la desnuclearización de Italia, sin la cual el reclamo generalizado de la abolición de las armas nucleares se convierte en simple fachada demagógica de aquellos que no quieren enfrentar la cuestión fundamental. Prueba de que el adormecimiento de las conciencias ha provocado incluso la pérdida del instinto de conservación.



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