lunes, 3 de julio de 2017

Como crear un museo sin gastar un duro: el saqueo francés de España

La Guerra de la Independencia española, como todas las guerras, supuso la pérdida de vidas humanas -que en realidad es lo más importante-, pero también desperdigó y destruyó gran parte del arte de nuestro país. No solo las colecciones reales sufrieron el paso y saqueo de los franceses, sino también el importante patrimonio artístico que se encontraba distribuido por las instituciones religiosas y en manos privadas.

Napoleón estaba convencido de que, entre otras, le estaba encomendada la misión de velar por el arte y la cultura. En su opinión, los países de origen de ese arte no lo valoraban lo suficiente. En el caso español quizás no anduviese muy desencaminado puesto que en el siglo XIX tres de cada cuatro eran analfabetos. Además, la mayoría de nuestro patrimonio estaba mal conservado.

Dividamos la historia del saqueo artístico de nuestro país en dos partes. La primera será la correspondiente a la invasión de España por parte francesa y la segunda, la derrota y retirada de éstos y el regreso de Fernando VII el deseado -o el rey felón- depende a quien se pregunte…

¿Quién ha dejado entrar a esos franceses?

La Inmaculada de los Venerables o de Soult. Murillo.

Fuente

De nuestros artistas, en esa época, Murillo era uno de los más considerados en el extranjero y, por supuesto, sus obras fueron de las más codiciadas por los franceses. Particularmente, el mariscal Nicolas de Dieu (Nicolás de Dios… así como muy flamenco para ser francés), realizó una “limpieza” de los templos sevillanos llenándose la saca hasta los bordes… El caso más famoso es el de La Inmaculada de los Venerables, que nuestro amigo Nicolas de Dios se llevó a su casa a París hasta que, cuando “estiró la pata”, los herederos se lo vendieron al Louvre. Luego, la Francia de Vichy la devolvió con algunos otros cuadros a la España de Franco y hoy está a salvo en el Prado.

En otras ocasiones los cuadros corrían peor suerte y los soldados franceses usaban los lienzos robados en las iglesias para construir tiendas de campaña y protegerse de la intemperie (1).

Pero el expolio no era solamente cosa de mariscales ávidos o de soldadesca inculta. Existía durante la ocupación francesa un comisario de bellas artes, director de museo y agregado artístico de los ejércitos de Andalucía ¿A que suena a broma? Que más hubiéramos querido… Pues el señor de la ristra de títulos, se encargaba de la supervisión de lo expoliado o lo comprado a precios de risa…

Napoleón proyectaba en París, en el palacio del Louvre, un gran museo al que cedía su nombre, y su hermano, nuestro José I, quería hacer lo propio en España (2). Se recogerían multitud de obras destinadas a esos dos museos, o como regalo a los mariscales de Napoleón. No solamente en Andalucía, también en El Escorial, convirtiendo a España en un gran y barato mercado artístico.

Este ir y venir y sus fases de almacenamiento en lugares poco apropiados (a veces se escondían las mejores para que los franceses no las localizasen) hizo que muchas obras se estropeasen o se perdiesen.

Huyendo sí, pero con los carros llenos de obras del saqueo

José I. Flaugier. Fuente

Ante el avance del ejército de Wellington (3), a José I no le queda otra cosa que huir. Tras ser derrotados(4), José logra escapar, pero deja abandonados tras de si muchas pinturas del saqueo realizado, dibujos y grabados (“el equipaje de José Bonaparte”). En Ryanair hubiera tenido que facturar, me temo…


Wellington, se topa con tan preciado botín y se lo lleva a Londres; salimos de Guatemala para caer en “Guatepeor”. Allí se realizará un inventario (5) que no coincide lo que deja abandonado el francés, quizá algunas de las abandonadas estaban en mal estado… Aunque ya había sido recompensado con anterioridad con cuadros procedentes de la Granja de San Ildefonso, tras su conquista de Madrid; entre ellos dos Murillos y un Rafael…

En teoría, el Congreso de Viena (6) obligaba a devolver las obras del saqueo y apropiadas por José. Sin embargo, el diplomático enviado por España al congreso, renunció a las mismas a cambio de su valor monetario, era un pesetero…

Wellington. Goya. Fuente

Esta solución incomprensible puede entenderse considerando que el diplomático era el representante de Fernando VII, que no apreciaba el arte. Además, no sería la última decisión referente al arte patrio que tomaría. Al parecer, Wellington en dos ocasiones intentó devolver a España las obras requisadas a José en su retirada; pero nuestro generoso monarca le regaló el “equipaje de José Bonaparte”, probablemente intentando congraciarse con los que movían los hilos en Europa.

Wellington comprará una finca (7) donde albergará la colección, hoy cedida al Estado británico. Al final, nos quedamos sin cuadros… Así que, cuando os encontréis en Londres visitando la National Gallery y contempléis algún Velázquez (8), acordaros de José I y su manía de regalar lo que no era suyo.

Referencias

(1) Como sucedió con los hombres del general Lejeune en Zaragoza.
(2) El hombre encargado de ello fue Frédéric Quiliet.
(3)Primer duque de Wellington, primer príncipe de Waterloo, primer duque de Ciudad Rodrigo, etc., etc. militar y político británico.
(4) En la batalla de Vitoria.
(5) Se inventarían 165 obras.
(6) Encuentro celebrado en dicha ciudad para restablecer las fronteras en Europa tras la derrota napoleónica.
(7) Conocida como Apsley House.
(8) Por ejemplo Felipe IV vestido de castaño y plata.

*Fuente imagen destacada

Bibliografía
Bahamonde, A. y Martínez, J. A., 1994, Historia de España siglo XIX, Cátedra, Madrid.
Baticle, J., 2004, Goya, Ediciones Folio, Barcelona.
Belmonte, J. y Leseduarte, P., 2004, Godoy. Historia documentada de un expolio, Ediciones Beta III Milenio, Bilbao.
Bolaños, M., 2008, Historia de los Museos de España, Editorial Trea, Gijón.
Cordero, M., 2004, Murillo, Biblioteca El Mundo, Madrid.
Ellis, G., 2004, Napoleón, Ediciones Folio, Barcelona.
Kauffman, C. M., 2009, Catalogue of Paintings in the Wellington Museum Apsley House, English Heritage in association with Paul Holberton Publishing, Londres.
Queralt del Hierro, M. P., 2004, “Los afrancesados entre la represión y el exilio”, Historia y Vida, 437, pp. 90- 97.
Rose de Viejo, I., 2007, “Un murillo y un Zurbarán en la colección de Godoy en subastas recientes”, Archivo Español de Arte, 79 (313), pp. 84-88.


http://htl.li/XPrY30cFLdk

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