domingo, 12 de agosto de 2018

Catalanismo, masonería y espiritismo: el trasfondo de un proceso revolucionario (I)

La historia de la masonería en España, y más concretamente en Cataluña, es un fenómeno relativamente estudiado. La dificultad del estudio es que muchas de las fuentes son proporcionadas por la propia masonería y por lo tanto están edulcoradas. 

Otra dificultad la encontramos en las diferentes obediencias y un gran nombre de logias que pertenecen a la llamada masonería irregular (las logias no adscritas a las Grandes Logias internacionales). 

De hecho en España, la primera logia que se conoce fue fundada en 1727, en Madrid, por el inglés Duque de Wharton. Se la denominó «La Matritense» y estaba adscrita a la Gran Logia de Inglaterra. Esta como tantas otras que le sucedieron, tuvieron corta vida y fueron desmontadas por la Inquisición, siguiendo un Decreto de 1751, del rey Fernando VI, que prohibía esa institución.

Detalle masónico (la pirámide) en el ataúd de Prim

Desde la invasión francesa y la posterior Guerra de Independencia contra Napoleón (1808-1814) proliferaron en España los llamados“afrancesados” (partidarios de las ideas revolucionarias que representaba la Francia del momento). 





Por eso, entre los reflujos revolucionarios y contrarrevolucionarios que siguieron a la Guerra de la Independencia fueron apareciendo y desapareciendo multitud de logias[1]. Durante el llamado “sexenio democrático” (1868-1874), en el que los destinos de España los rigió un catalán, el General Prim que era masón, las logias volvieron a resurgir[2]. Pero Prim fue asesinado y ello acabó derivando en la proclamación de una caótica y efímera República. Ello permitió la restauración de la rama liberal de los Borbones.

Con la Restauración borbónica, que duraría hasta la llegada de la II República en 1931, la masonería se establece de forma regular en España y más especialmente en Cataluña.

En 1890 el Gran Oriente Español ya estaba asentado en Barcelona, que se había convertido en la ciudad masónica de España por excelencia[3] (Incluso hoy en día el Ayuntamiento de la ciudad ha publicado la guía “Paseos por la Barcelona masónica”).

 Del Gran Oriente Español dependían 120 logias en España. El Gran Oriente Español, décadas antes, había acogido a los más importantes políticos del republicanismo federalista[4]que habían protagonizado la desastrosa I República. Pero a finales del siglo XIX la preponderancia de la masonería española, dirigida desde Barcelona, tuvo que competir con una pequeña logia que propugnaba ciertos intereses catalanistas. 

Se trataba de la Gran Logia Regional Simbólica Catalana Balear. En plena efervescencia del catalanismo político, en 1914 se fusionaron con el Gran Oriente Español. 

El acuerdo no estuvo exento de ciertos conflictos internos pero finalmente las logias llegaron a un acuerdo que daba cierta independencia a la masonería más catalanista[5]. Ello explica una aparente contradicción. 

Por un lado, desde Barcelona se dirigía la rama más importante de la masonería en España[6] y por otro lado otras ramas masónicas intentaron –y finalmente lo consiguieron- influir y controlar el movimiento regionalista y catalanista (que originalmente tenía un fuerte sentido católico y tradicional).

La masonería y el catalanismo

Biblioteca Arús con forma de templo masónico y estatua de la libertad





En los orígenes del catalanismo encontramos la confluencia de dos corrientes ideológicas. Una el republicanismo federal que tuvo una fuerza original, pero que rápidamente dio paso a una hegemonía conservadora dentro del movimiento político. 

Quien representaba al movimiento republicano fue Valentí Almirallque pertenecía a la masonería. Almirall, para darnos cuenta de su vinculación con la masonería, fue heredero de un famoso masón Rosendo Arús, al que le dejó parte de su fortuna. Hoy Arús es conocido en Barcelona porque mandó construir una Biblioteca para trabajadores que, curiosamente, se enmarca en una representación de un templo masónico[7]

Pero la facción hegemónica del catalanismo estuvo dirigida por Prat de la Riba, que a su vez –en los orígenes del catalanismo político se tenía que apoyar en fuertes sectores católicos, profundamente antimasones que encabezaba el Obispo Torras y Bages. La influencia de este obispo fue tal que ha sido llamado el “Patriarca espiritual de Cataluña”. 

Este había llegado a asistir al famoso Congreso antimasónico de Trento, celebrado en 1896 y en muchas de sus pastorales, así como en una de las obras clave del catalanismo, La Tradición Catalana (escrita en 1892), denuncia a la masonería[8].

La masonería en Cataluña, pues, tuvo un relativo acceso a los poderes regionales que controlaba el catalanismo conservador. De ahí que su labor durante mucho tiempo fuera más eficaz en el resto de España que no en la propia Cataluña. Por eso, durante unas décadas, se mantuvo bajo un doble paraguas. 

Por un lado, se mantuvo a niveles muy elitistas en los que podía codearse con una riquísima burguesía catalana que aún se caracterizaba en buena parte por su catolicismo. Por otro lado, mantuvo constantes relaciones con el, por entonces, submundo, del anarquismo medio clandestino. 

Este contacto con las bases obreras más enajenadas y radicales era una forma de que las logias salieran de sí mismas e intentaran una influencia social. Este encuentro no hubiera sido posible si no hubiese un punto común del que participaban tanto ese anarquismo de finales del siglo XIX y principios del XX, como la propia masonería: el espiritismo. De ello hablaremos un poco más abajo.

Homenaje a Francesc Layret tras su asesinato

Será con la caída de la monarquía borbónica y la llegada de la II República en España, cuando por fin podrá emerger la masonería en el ámbito del poder regional o autonómico. Todo ello acontecía en 1931, en unas elecciones municipales, que hicieron huir al rey Alfonso XIII. 

En Cataluña, el catalanismo conservador fue derrotado por un nuevo partido que levantaba la bandera del catalanismo de izquierdas, republicano y anticlerical: se trataba de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Desde sus orígenes y en sus fundadores, la masonería había dejado su huella. Uno de precursores fue Francesc Layret, masón, defensor de obreristas, republicano y que murió asesinado por derechistas en 1920. Había fundado el Partido republicano Catalán que se adheriría luego a ERC. 

El Presidente del partido Estat Català, Francesc Macià, también era masón. Este partido se integraría como uno de los ejes fundamentales de ERC y Macià se convertiría en el primer presidente autonómico de Cataluña durante la II República. El segundo Presidente sería Lluís Companys, también masón y que durante muchos años había sido abogado de anarquistas. 

Como luego señalaremos, sabemos que practicaba habitualmente el espiritismo. La relación entre masones catalanes y los que tomaron el poder en la II República, posiblemente impidieron que Francesc Macià, aprovechando la debacle y caída de la monarquía y proclamara la independencia de Cataluña[9].

El símbolo de esta nueva formación, Esquerra Republicana de Cataluña, era más que significativo: un triángulo (masónico) que contenía las cuatro barras de la bandera catalana. Se da la circunstancia curiosa que uno de los Diputados de Esquerra Republicana de Cataluña fue Ramón Franco, que era conocido masón. 

Por esa época de la II República nació la Gran Logia de Cataluña, era el 9 de septiembre 1933. Esta logia representaba los intereses de los republicanos federales y se asoció a la Gran Logia de España, aunque al finalizar la guerra desapareció. Hoy en día, existe una logia llamada así, pero no se puede demostrar la continuidad con la anterior. 

Hay también hoy en día mucha literatura sobre logias autónomas en Cataluña que estarían promoviendo todos el proceso independentista.Por ejemplo existe una Ágora masónica que es una fundación que se dice masónica y que apoya el proceso independentista, pero no tiene el reconocimiento de ninguna obediencia importante. O también el Gran Orient de Catalunya, con página web incluida[10], pero que no son más que meras imitaciones de la masonería, que como mucho se podrían incluir en la nebulosa de la masonería irregular. Por otro lado, tampoco hay que relativizar la fuerza que tiene actualmente la masonería en Cataluña. 

A nivel político, los masones se concentran en Cataluña especialmente en el Partido Socialista de Cataluña y en Esquerra republicana, pero están en representados en casi todos los partidos importantes. Ello explica por qué la Generalitat de Cataluña (el gobierno autonómico) ha sido la única institución del Estado español que ha hecho una declaración institucional reconociendo la masonería como colectivo injustamente perseguido con el régimen franquista.

El espiritismo en Cataluña





Ningún acontecimiento histórico se puede explicar con unas cuantas causas, y en sí todo hecho histórico lo configuran un cúmulo de hechos y causalidades a veces muy difíciles de conectar. Si nos adentramos en el caso de la relación de la masonería con el espiritismo, el problema aún se hace más grande. Pero sin intentarlo, tampoco entenderíamos cómo la masonería llegó a influir (y todavía influye) tanto en la sociedad catalana. 

Sabemos que pasada la primera mitad del siglo XIX, algo estaba ocurriendo en Barcelona, pues ya se prodiga el espiritismo, formas de esoterismo, asociaciones, que acabarán convirtiendo a Barcelona en una de las capitales mundiales del espiritismo, el ocultismo o la masonería. 

Un síntoma de esta realidad es que el último auto de fe que se celebró en España, en 1861, fue en Barcelona, en el patio del baluarte de la Ciudadela donde se quemaron públicamente centenares de publicaciones espiritistas.

Otro fenómeno a tener en cuenta es la pasión que despertó Wagner en Barcelona. Proliferaron las asociaciones wagnerianas y el fervor que levantaban las representaciones de sus óperas, rozaba la locura.

Este fenómeno inevitablemente vino acompañado de grupos que se consideraban asociaciones ocultistas, espiritistas o masónicas, que buscaban en las óperas, signos de ritos iniciáticos. Entre las operas de Wagner, para muchos: ”Pársifal es realmente la única ópera que describe el camino iniciático desde su principio a su final”. 

Barcelona era la primera ciudad española donde llegaban todo tipo de novedades de este submundo. Por la Ciudad Condal entró en España el mesmerismo, el espiritismo, la frenología, el hipnotismo y todas las extravagancias que pudieran sustituir el cristianismo.En Cataluña, paradigmáticamente, coincidieron en el tiempo dos fenómenos de signo totalmente opuesto pero que acabarían convergiendo.

Por un lado, en 1886, Mn. Morgades, obispo de Vic (y catalanista), aprobó la reconstrucción del Monasterio de Ripoll. Era un monasterio milenario en una ciudad que se consideraba la “cuna” de Cataluña[11]. Durante las desamortizaciones del siglo XIX y las Guerras carlistas, el Monasterio había quedado en ruinas. 

El obispo Morgades hizo de la inauguración del Monasterio de Ripoll un acto casi político de catalanismo y catolicismo como dos realidades indisolublemente unidas. 

Fue a partir de aquí cuando se empezó a popularizar el uso de la bandera catalana, pero como signo del catalanismo conservador y católico. Por su parte los Republicanos federalistas, laicos y anti católicos, siempre rehusaron identificarse con esa bandera. Y sólo muy tardíamente la abrazarían como suyas.

Por otro lado, se celebraba en Barcelona el I Congreso Espiritista Internacional, corriendo el año 1888 (haciéndolo coincidir con la Exposición Internacional de Barcelona). Esto fue posible por la proliferación en 1870 de multitud de centros espiritistas en España, coincidiendo con la llegada a España de una nueva dinastía y un nuevo Rey: Amadeo de Saboya. 

El General Prim que había dado un Golpe de Estado para derrocar a la monarquía liberal, sabía que España no estaba aún preparada para aceptar una República. Por eso buscó un rey-revolucionario. Lo encontró en la dinastía de los Saboya que eran enemigos manifiestos del Papado al que le había arrebatado los Estados pontificios. Prim pensaba que con esta solución se contentarían los monárquicos moderados y los revolucionarios. 

Pero no fue así. El General Prim murió asesinado y ello llevó a la abdicación de Amadeo de Saboya, lo cual precipitó la llegada de la I República, ala que más arriba nos referimos.

El espiritismo arraigó con fuerza en Cataluña. En 1882, se funda la Federación Espiritista del Vallés (Barcelona) convirtiéndose más tarde, en la Federación Espiritista Catalana.Luego llegará el I Congreso Internacional espiritista de Barcelona. 

En 1901 se celebrarán los Juegos Florales Espiritistas en Sabadell y Barcelona. Nuevamente Barcelona acogerá el V Congreso Espiritista Internacional, en 1934, en plena república laica, y con la participación de más de 120 asociaciones espiritistas. 

Los asistentes fueron recibidos por el alcalde DonCarlos Pi y Sunyer y el Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, cedió para el Congreso el Palacio de Proyecciones. También dijimos más arriba que Companys practicaba habitualmente el espiritismo en su casa[12].

Allan Kardec

Son muchos los personajes que aparecieron en Cataluña como promotores de este submundo espiritual. Pongamos algunos ejemplos: José Mª Fernández Colavida, que fue traductor de las obras de la Codificación Espiritista. Este personaje de joven había sido un combatiente de la Primera Guerra carlista, pero hubo de exiliarse a Francia. Allí, ya mayor, conoció el espiritismo. Fue el traductor del espiritismo en España y el traductor de los textos de Allan Kardec[13] al español. 

Fernández Colavila fue de todo: magnetizador y psicólogo, y conocido por sus trabajos de regresión de la memoria y por sus experiencias en telegrafía psíquica. Fundó en 1869 la Revista de Estudios Psíquicos y el Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos. Fundador de la primera librería espiritista en la capital de Cataluña, de la Asociación de los Amigos de los Pobres, de la Sociedad Barcelonesa Propagadora del Espiritismo y el director del Grupo Espíritista La Paz. 

Como podemos comprobar, el espiritismo se envolvía de ideas de hermandad universal y por ello empezó a cuajar entre trabajadores anarquistas. Los méritos de este personaje le llevaron a presidir el I Congreso Internacional de Espiritismo.

Otro personaje, entre otros mucho que proliferaron en aquella época por Cataluña fue Miguel Vives y Vives. Fundó en Tarrasa (Barcelona) el Centro Espiritista “Fraternidad Humana”, en 1872. Fue también presidente del Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos. fundador de la revista “Unión”, órgano que se incorporó a la revista espiritista por excelencia “La Luz del Porvenir”. 

Miguel Vives difundió las ideas reencarnacionistas. Escribió obras como “El Tesoro de los Espiritas” y al igual que el anterior, su militancia espiritista la combinó con acciones para “redimir” a los pobres y necesitados.

El vizconde Torres-Solanotla

El vizconde Torres-Solanotla, cuyo padre fuera ministro del masón con un General anticarlista: Espartero. Había nacido en Aragón, pero centró su acción en Cataluña. Fundó las primeras Escuelas Laicas en 1885. Tuvo como compañero a Fabian Palasí Martín, que dirigió en 1887 la primera escuela laica graduada en Sabadell (Barcelona). 

En Lérida, en 1873, D. José Amigó Pellicer fundó el Centro Espiritista llamado El Círculo Cristiano-Espiritista. La relación de centros y publicaciones espiritistas en Cataluña fue tan grande que provocó reacciones en el mundo católico. 





Por ejemplo, muy preocupado, en 1875, el sacerdote Niceto Alonso Perujo la revista El Sentido Común, con el significativo subtítulo de: Revista mensual dedicada a combatir el espiritismo.

En Barcelona van floreciendo centros y publicaciones como el Centro Espirita barcelonés La Buena Nueva siendo su presidente Don Luis Llach quien mantenía contacto permanente con la célebre médium Amalia Domingo Soler (de la que hablaremos más abajo).

Incluso en las cortes republicanas, en 1874, un grupo de diputados espiritisas (y posiblemente masones, pues no era extraño encontrar masones espiritistas y viceversa) propusieron en la cámara que la Doctrina Espiritista fuese incluida en el sistema educativo. 

El Golpe de Estado del General Pavía, que acabó con la I República, no permitió que el proyecto se discutiese. Esta sorprendente –aunque desconocida- extensión del espiritismo, que tenía su centro más singular en Barcelona, no tendría más importancia si no fuera por las relaciones que se establecieron con el anarquismo revolucionario y luego con el catalanismo.

https://barraycoa.com/2017/08/22/catalanismo-masoneria-y-espiritismo-el-trasfondo-de-un-proceso-revolucionario/

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