jueves, 25 de abril de 2019

‎¿Permitirá Occidente la construcción de ‎vías férreas del Golfo Pérsico ‎al Mediterráneo?‎

Estados Unidos y sus aliados, que en el pasado provocaron deliberadamente hambrunas ‎en Corea del Norte, Sudán, Túnez y actualmente en Yemen, comienzan ahora a hacer ‎lo mismo en Siria. 

La única manera de evitar que lo logren sería reactivando la ‎economía en toda la región, seriamente afectada por las guerras contra Irak y Siria. ‎

En este momento existen dos proyectos ferroviarios que compiten entre sí. Uno de ‎ellos tiene como objetivo desarrollar la región, el otro apunta a dividirla. ¿Se ‎comportarán humanamente las potencias occidentales o continuarán empeñadas en su ‎proyecto de dominación?‎

Siria sólo podrá contar con sus propias fuerzas para llevar adelante cualquier plan de ‎reconstrucción. Ninguno de los países que dedicaron cientos de miles de millones de dólares a ‎destruir la República Árabe Siria está dispuesto a invertir ahora ni un centavo para reconstruirla. ‎

Ante esas circunstancias, el futuro de Siria reside en la posibilidad de volverse hacia su pasado –‎cuando era la vía de tránsito obligada entre el Océano Índico y el Mar Mediterráneo. En la ‎Antigüedad, la «Ruta de la Seda» comenzaba en la gran ciudad china de Xi’an y se extendía ‎hasta las ciudades de Antioquía [hoy parte de Turquía] y Tiro [que hoy es parte del Líbano]. ‎





Más que una vía para el intercambio de mercancías de ciudad en ciudad, aquella «Ruta de ‎la Seda» era también un corredor cultural a través del cual la filosofía china llegó a difundirse ‎en Asia mientras que la religión musulmana llegaba a China, y la lengua común de quienes ‎transitaban por ese corredor no era el mandarín sino la lengua persa. 

Posteriormente, Siria siguió ‎siendo una vía de tránsito entre el Océano Índico y el Mar Mediterráneo, lo cual garantizó ‎su prosperidad hasta la construcción del Canal de Suez.‎

No es nuevo el proyecto de construcción de un enlace ferroviario entre el puerto iraní de ‎Khorramshahr, en la frontera con Irak, y el litoral sirio, pasando por Bagdad. Ese proyecto data de ‎la época del mercado común turco-irano-sirio, antes del inicio de la agresión exterior contra Siria. ‎

Durante ese conflicto, los mercenarios de Occidente sabotearon sistemáticamente los tramos ‎instalados en territorio sirio, asesinando además al personal y los viajeros.‎

Eso indica que, desde el inicio mismo de la agresión contra Siria, los artífices de la guerra –‎encabezados por el Reino Unido– siempre tuvieron en mente impedir el desarrollo de la actividad ‎económica en Siria.

Garantizar que los pueblos colonizados sigan siendo dependientes es un ‎comportamiento característico del colonialismo británico.

 Por ejemplo, cuando la India era el ‎principal productor de algodón, Londres garantizó que siguiera produciendo el algodón ‎como materia prima pero le prohibió procesarlo, de manera que el algodón indio sólo podía ‎convertirse en tejido en las fábricas británicas.

 Por eso el Mahatma Gandhi comenzó a hilar ‎personalmente el algodón e invitó a sus compatriotas a imitarlo como un acto de rebelión contra ‎la Corona británica. ‎

Hoy en día Estados Unidos afirma que si se opone a ese proyecto ferroviario es porque quiere ‎evitar el envío de armamento pesado iraní al Líbano. ¿Por qué sabemos que eso es sólo un ‎pretexto? 

¡Porque el propio secretario de Estado Mike Pompeo lo dijo el mes pasado! El único ‎objetivo de Washington es retrasar la explotación del gas y del petróleo de Siria para favorecer ‎las ventas de los hidrocarburos de esquistos estadounidenses –cuya producción declinará ‎rápidamente a partir de 2023, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). ‎

En abril de 2017 y en noviembre de 2018, Israel propuso construir otra vía férrea entre el Índico y ‎el Mediterráneo. El ministro de Inteligencia y Transporte, Israel Katz, parece haber obtenido el ‎apoyo de Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Omán para ese proyecto.

El enviado ‎especial de Estados Unidos en el Medio Oriente, Jason Greenblatt, ha sugerido que el proyecto ‎israelí podría ser incluido en el «Trato del Siglo» estadounidense para la región. ‎

Se estima que la cantidad de mercancía sería tan grande que permitiría la coexistencia entre los ‎dos proyectos… pero Israel no se distingue precisamente por su disposición a compartir. ‎





En realidad, los únicos perdedores serían las países de Europa occidental porque las mercancías de ‎hoy no son las de los tiempos de la antigua Ruta de la Seda. En aquella época, los europeos ‎no producían la seda que China ofertaba.

Hoy en día, Europa y China proponen los mismos ‎productos. Los productos chinos son de menor calidad… pero también son menos caros. ‎

La llegada masiva de productos chinos podría acabar rápidamente con lo que queda de la ‎industria europea. Para los países de Europa occidental, la única posibilidad de protegerse sería ‎reglamentar sus intercambios comerciales. ‎

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 20 DE ABRIL DE 2019 

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