sábado, 18 de marzo de 2017

Matando a las avispas asesinas con la lira eléctrica

El sistema ideado por Dieter Boisits, en la foto con el arpa eléctrica, caza a las avispas por su gran tamaño (de 3 a 4 cm) 

SANDRA ROJAS NOSSA

El 'invento' de un apicultor austriaco afincado en Galicia que caza a la invasora velutina, llegada de China, con hilos electrificados que semejan un arpa

"Hay que pararla a las puertas de las colmenas", explica Dieter
PACO REGO
@PacoRego18/03/2017 03:28

Quieta en el aire, como un helicóptero, la Vespa velutina espera el paso de su presa cerca de la colmena. ¡¡Zas!! Un golpe de mandíbula le basta para destrozarla. Separa las partes de su cuerpo, las une en una bola y las traslada hasta el nido para dar de comer a sus larvas carnívoras. Una tras otra las abejas van cayendo. Y cuando ya no quedan obreras suficientes que defiendan la casa, las avispas asesinas, en tromba, entran en el panal y acaban con la miel. 

Por eso dice Dieter que la velutina "es implacable". Ha invadido ya más de 12.000 km cuadrados en Galicia, País Vasco, Asturias, Navarra, Cataluña e Islas Baleares, y destruido cerca de medio millón de colmenas. Y nada ni nadie, desde que el insecto pisó suelo español a finales de 2010, ha podido frenar la plaga llegada de China. Hasta ahora...



Dieter Boisits es investigador y apicultor -"herencia de mi padre"- y desde que se instaló en Vigo, hace ya siete años, no ha parado de experimentar nuevos métodos para detener a la asesina. "Es sumamente lista y hábil, más grande y fuerte que la abeja de la miel, y con sus víctimas es implacable", la retrata el técnico en electrónica austríaco desde el laboratorio de Ecología Evolutiva y de la Conservación de la Universidad de Vigo.

Dieter, de 42 años, ha creado la última arma contra la invasora asiática: el arpa eléctrica. Su forma es más simple, cuadrada, y por sus cuerdas, finísimas como un pelo y de acero inoxidable, pasa una corriente que deja KO a las invasoras. "Cuando la abeja sale de la colmena en busca de flores, la velutina la espera suspendida en el aire y la atrapa allí mismo, al vuelo", explica Dieter. "La idea es colocar la trampa cerca del panal y que a la avispa no le quede otro camino que cruzar entre los hilos electrificados".

El truco para dejarla fuera de combate está en la distancia entre esos cables. Al ser más pequeña, la abeja de miel los cruza sin problema, sin siquiera rozarlos, pero la velutina asiática, de tres o cuatro centímetros, casi el doble del tamaño de su víctima, lo tiene más difícil. Y cuando intenta pasar al otro lado, su cuerpo roza dos hilos a la vez, hace un puente eléctrico y se desploma.

Dieter no quiere equívocos. Deja claro que "la trampa está calculada para no hacer daño a los otros insectos, sólo a la velutina", que cae noqueada en un recipiente y luego se destruye. El invento ha sido probado y "funciona muy bien" en las colmenas.

El problema ahora es el precio, unos 600 euros, estima la Asociación Gallega de Apicultura (AGA). "Es demasiado alto, estamos viendo la manera de abaratarlo", dice José María Sorei, de la AGA. "O encontramos una solución limpia contra la asiática, sin pesticidas, para no perjudicar a nuestras abejas, o el desastre irá a peor". El año pasado se perdieron 11.200 toneladas de miel y un número incalculable de abejas. Mientras tanto, la avispa asesina ha ido ganando terreno desde que llegó a España. Una invasión que avanza a un ritmo de 50 kilómetros cada año.

La bióloga Sandra Rojas, compañera de Dieter, nos desvela cómo llegó hasta nosotros el insecto invasor. Todo empezó, según ella, con "una reina a la que varios machos habían fecundado, probablemente en la provincia china de Jiangsu o de Zhejiang". Con el vientre cargado de huevos -llegan a poner hasta 17.000 por nido y año-, esa reina descarriada terminó de polizón entre el cargamento de cerámica de un barco que venía a Europa. Desembarcó en el puerto atlántico de Burdeos, Francia, y volando se adentró en solitario en el interior del país.

"Se sabe que vino de allí por los estudios genéticos que se hicieron", explica Rojas. En territorio galo fue reina y madre. Y pasados 40 días, el tiempo que suele durar el ciclo vital completo de la Vespa velutina, sus descendientes siguieron procreando una y otra vez sin descanso. Era la primavera de 2004. Y nada parecía impedir que la plaga de la abeja asiática saltara a España a finales de 2010. "Esta avispa no es agresiva con los humanos, pero con los insectos no perdona, y además no para de hacer nidos". Cada reina crea un nido y cada nuevo nido puede producir 500 nuevas reinas fundadoras al año. Por eso sus poblaciones aumentan tan rápido. Los nidos retirados o inactivados en 2014 fueron 941; en 2015, 5.045, y en el último recuento de 2016, a falta de dos semanas para la conclusión del año, eran ya 8.496, un 68,4% más que el año anterior.

"No podemos matarlas a cañonazos", tercia Dieter, el inventor. "A la asesina hay que pararla donde es letal, a las puertas de las colmenas".

http://www.elmundo.es/cronica/2017/03/18/58c4039d46163ff2318b45a7.html

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