lunes, 1 de junio de 2015

Sumisión, la polémica novela futurista de una Francia musulmana

Michel Houellebecq.

IB.- Una nueva civilización, una nueva fe y una nueva economía ocupan el lugar de la cultura occidental, individualista, liberal en usos y costumbres, pero incapaz de dar respuestas a los problemas de la sociedad. Ese es el argumento de la nueva novela del siempre provocativo Michel Houellebecq.

El personaje central es un profesor de la Sorbona, en la cuarentena, típicamente –casi caricaturescamente- europeo: una situación económicamente aceptable, un lugar en la sociedad intelectual, sin familia, sin hijos, descreído de todo, sin grandes ilusiones, ni personales, ni colectivas. Observa la decadencia y la crisis que lo rodean con cierto desprendimiento. Se inquieta, pero no hasta el compromiso. Y aceptará lo que viene con resignación acomodaticia.

En cierta forma su historia es la parábola de una Europa que, de tanto renegar de su pasado y de sus valores tradicionales –recordemos el debate por la no mención de las raíces cristianas de Europa en su Constitución-, acaba sometida a una nueva creencia.

O la de una Europa cansada que, incapaz de responder a las tensiones sociales y políticas que la atraviesan e incluso la fragmentan, se “entrega” a una corriente de pensamiento unos siglos más “nueva” y ciertamente más dinámica: el islamismo.

Lo inquietante es que Houellebecq mezcla elementos futuristas –la Francia que imagina es la del año 2022- pero partiendo de realidades y tensiones ya presentes. Apela incluso a la mezcla de personajes reales –como varios políticos de hoy: Sarkozy, los Le Pen- con otros inventados.

No se priva de tocar símbolos bien fuertes. Su profesor –y relator en primera persona de la historia- enseña en la Sorbona, universidad que acaba privatizada e islámica. Llueven fondos de las petromonarquías del Golfo para financiar esta nueva educación que ya no es laica –ruptura fuerte si las hay para Francia-; pero esta presencia de capitales de origen árabe comprando negocios o entidades emblemáticas ya es una realidad. No es futuro. Como tampoco lo es la “guetización” de los suburbios de las grandes ciudades a un punto alarmante y sin solución a la vista.

El clima de la novela va de la opresiva angustia que genera la creciente violencia y fragmentación social –caldo de cultivo de la extrema derecha- a una relativa calma y hasta conformismo cuando finalmente se produce lo temido: un resultado electoral que fuerza a los tradicionales partidos de derecha e izquierda a alinearse detrás del partido musulmán para frenar a la extrema derecha.

Francia empieza a cambiar y el propio protagonista se dejará tentar por ese cambio (como podrá apreciarse en los extractos más abajo).

El libro de Houellebecq causó mucha polémica; no sólo por su contenido sino por el momento de su publicación. La novela debía salir a la venta el mismo día del atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo en el que murieron 12 integrantes del staff. Para más datos, el escritor había sido portada de la última edición, con el título “Las predicciones del mago Houellebecq”. Entre los muertos, había amigos del consagrado escritor.

Houellebecq, de 57 años, se consagró en las letras francesas con sus novelas Las partículas elementales y Plataforma. Los desafíos al pensamiento políticamente correcto son una constante en él y alternativamente ha sido tildado de misógino, reaccionario e incluso islamófobo.

Lo cierto es que Sumisión encara temas que atraviesan a la sociedad francesa, pero que no siempre son abordados abiertamente –a veces ni siquiera enunciados, en aras de la corrección política-, lo que puede ser visto como una provocación pero también, por qué no, como una oportunidad para hablar de lo que hay que hablar.

Sumisión (extracto)

Ese breve rapto de entusiasmo se produjo en un momento en que, de forma generalizada, Francia recuperaba un optimismo que no había conocido desde el final de la edad de oro del capitalismo, medio siglo antes. Los primeros pasos del gobierno de unión nacional formado por Mohammed Ben Abbes eran saludados unánimemente como un éxito, nunca un presidente de la república recién elegido había gozado de tal “estado de gracia”, los comentarios eran unánimes al respecto.

Recordaba a menudo lo que había dicho Tanneur acerca de las ambiciones internacionales del nuevo presidente y seguí con interés una información de la que casi no se había hablado: el relanzamiento de las negociaciones sobre la próxima adhesión de Marruecos a la Unión Europea; en lo relativo a Turquía, ya se había fijado un calendario. Así que la reconstrucción del Imperio romano estaba en marcha y, en el plano interior, Ben Abbes desarrollaba un recorrido impecable.

La consecuencia más inmediata de su elección era que la delincuencia había disminuido, y en proporciones enormes: en los barrios más duros, se había reducido ni más ni menos a una décima parte. Otro éxito inmediato era el desempleo, cuyas curvas estaban en caída libre. Se debía sin duda a la salida masiva de las mujeres del mercado de trabajo, ligada a la considerable revalorización de las ayudas familiares, la primera medida presentada, simbólicamente, por el nuevo gobierno.

El hecho de que el pago de las mismas estuviera condicionado al cese de toda actividad profesional hizo rechinar un poco los dientes entre la izquierda, al principio, pero a la vista de las cifras del paro el rechinar de dientes cesó rápidamente. El déficit presupuestario ni siquiera aumentaría: el incremento de los subsidios familiares estaba compensado por completo por la drástica disminución del presupuesto de Educación, que anteriormente era de lejos el presupuesto más importante del Estado.

En el nuevo sistema, la escolarización obligatoria acababa al final de la primaria, es decir, más o menos, a los doce años de edad; se restablecería el certificado de estudios primarios y se consideraba la culminación normal de la formación escolar. Además, se alentaba la formación profesional del artesanado; la financiación de la enseñanza secundaria y superior, por su parte, pasaba a ser enteramente privada. Todas esas reformas tenían como objetivo “devolver su justo lugar y toda su dignidad a la familia, célula de base de nuestra sociedad”, declararon el nuevo presidente de la república y su primer ministro en una extraña alocución común en la que Ben Abbes adoptó unos acentos casi místicos mientras François Bayrou (1), con el rostro aureolado con una amplia sonrisa beatífica, desempeñaba el papel de “Juan Salchicha”, el Hanswurst de las antiguas pantomimas alemanas, que repite de forma exagerada –y un poco grotesca- lo que acaba de decir el personaje principal.

A todas luces, las escuelas musulmanas no tenían nada que temer, pues, en todo lo relativo a la enseñanza, la generosidad de las petromonarquías era ilimitada desde siempre. De manera más sorprendente, algunos centros católicos y judíos habían logrado al parecer salir adelante recurriendo a la colaboración de diversos empresarios; en todo caso, anunciaban que habían cerrado las negociaciones y que abrirían con normalidad al inicio del curso.

(…)

Más allá de esta agitación superficial, Francia evolucionaba rápidamente, y evolucionaba a fondo. Pronto fue evidente que Mohammed Ben Abbes, incluso independientemente del islam, tenía ideas; durante una rueda de prensa, se declaró influido por el distributismo, lo que dejó estupefactos a todos sus oyentes. La verdad era que ya lo había declarado, en varias ocasiones, durante la campaña presidencial; pero dada la tendencia natural de los periodistas a ignorar las noticias que no comprenden, la declaración no fue recogida ni difundida.

Esta vez, se trataba de un presidente de la república en ejercicio, así que era indispensable que actualizaran su documentación. El gran público supo así durante las semanas siguientes que el distributismo era una filosofía económica aparecida en Inglaterra a principios del siglo XX bajo los auspicios de los pensadores Gilbert Keith Chesterton e Hilaire Belloc. Pretendía ser una “tercera vía” tan alejada del capitalismo como del comunismo, asimilada a un capitalismo de Estado. Su idea de base era la supresión de la separación entre el capital y el trabajo. La forma normal de la economía era así la empresa familiar; cuando era necesario, para ciertas producciones, reunirse en entidades más vastas. Debía hacerse lo necesario para que todos los trabajadores fueran accionistas de su empresa y corresponsables de su gestión.

(…)

-Tiene una casa muy bonita…

-Me costó años conseguirla, no fue fácil, se lo aseguro…. – Se repantigó en su asiento, y en esta ocasión me pareció, por primera vez desde mi llegada, que se abandonaba de verdad: lo que ahora iba a decirme era importante para él, no cabía duda alguna-. Evidentemente lo que me interesa no es Paulhan (2), ¿a quién puede interesarle Paulhan? Pero a mí me hace feliz a cada instante vivir en la casa donde Dominique Aury (2) escribió Historia de O, en todo caso donde vivía el amante por cuyo amor escribió ese libro. Es un libro fascinante, ¿no le parece?

Era de la misma opinión. Historia de O en principio lo tenía todo para no gustarme, las fantasías expuestas me asqueaban y el conjunto de un kitsch pomposo: el apartamento ne la isla Saint-Louis, el palacete del faubourg Saint-Germain, Sir Stephen, todo eso era una puta mierda. No obstante, el libro estaba habitado por una pasión y un aliento que prevalecían.

-Es la sumisión –dijo en voz queda Rediger-. La idea asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. Es una idea que no me atreverá a exponer ante mis correligionarios, que quizá la juzgarían blasfema, pero para mía hay una relación entre la absoluta sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como al entiende el islam. Mire –prosiguió-, el islam acepta el mundo, y lo acepta en su integralidad, acepta el mundo tal cual, para hablar como Nietzsche. El punto de vista del budismo es que el mundo es dukkha: inadecuación, sufrimiento. El cristianismo por su parte manifiesta serias reservas: ¿acaso no se califica a Satán de “príncipe del mundo”? Para el islam, en cambio, la creación divina es perfecta, es una obra maestra absoluta. ¿Qué es en el fondo el Corán sino un inmenso poema místico de alabanza? De alabanza al creador y de sumisión a sus leyes. No suelo aconsejar a la gente que desea acercarse al islam comenzar por la lectura del Corán, a menos por descontado que deseen hacer el esfuerzo de aprender árabe y sumergirse en el texto original. Les recomiendo en cambio leer los suras, y repetirlos, sentir su respiración y su aliento. El islam es la única religión que ha prohibido cualquier traducción para el uso litúrgico, porque el Corán está enteramente compuesto de ritmos, de rimas, de estribillos, de asonancias. Reposa sobre al idea básica de la poesía, la idea de una unión de la sonoridad y del sentido que permite decir el mundo.

Hizo un nuevo gesto de excusa, creo que en parte fingía que su propio proselitismo le azoraba, pero a la vez debía de ser muy consciente de que ese discurso ya se lo había hecho a numerosos docentes a los que deseaba convencer; supongo que la observación sobre la negativa de la traducción del Corán, por ejemplo, dio en el blanco con Gignac los especialistas de la literatura medieval ven a menudo mal la transposición del objeto de su devoción al francés contemporáneo; pero al fin y al cabo, explotados o no, sus argumentos tenían mucha fuerza. Y no podía evitar pensar en su modo de vida: una esposa de cuarenta años para la cocina, una de quince años para otras cosas…, sin duda tenía una o dos esposas de edad intermedia, pero no me imaginaba preguntándoselo. Me puse en pie decididamente esta vez para despedirme, le agradecía esa tarde apasionante, que se había alargado hasta el anochecer. Me dijo que también él había pasado muy buen rato, y hubo una suerte de duelo de cortesías en el umbral de la puerta; pero los dos éramos sinceros.

(1) François Bayrou: político de centro, por lo general aliado con la derecha. Pero en las últimas elecciones dio su apoyo al candidato socialista François Hollande.

2) Jean Paulhan, escritor y director de la Nouvelle Revue Française. Una de sus amantes, Dominique Aury, es la autora, bajo el pseudónimo Pauline Réage, de Historia de O, obra cumbre de la literatura erótica francesa.

http://www.alertadigital.com/2015/05/26/sumision-la-polemica-novela-futurista-de-una-francia-musulmana/

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