miércoles, 10 de abril de 2019

Auge del Satanismo NOM en España (1)

La Cabra de Mendes

Hace quince o diez años nadie lo hubiera imaginado, pero es un hecho flagrante que el Satanismo está de moda en España, y nunca hasta hoy había conocido tal impulso en su difusión más descerebrada, glamurosa y comercial. 

Pero vayamos a lo concreto-empírico.

Prueben a pasearse, si tienen algo de tiempo, por las librerías urbanitas sistémicas para confirmar perplejos cuán gran éxito están teniendo los azufrosos librillos de la cuerda, con las infectas piezas de Aleister Crowley a la cabeza. 

El negocio del libro es fiel espejo del caudal espiritual de una época. Y nuestro tiempo, para qué engañarnos, está tan degrado en su pérdida de valores, y acusa tal grado de putridez y encanallamiento en todos sus frentes, que la opción satánica se perfila como la más adecuada a sus indigestiones intelectuales y espirituales.

Coexisten al menos -y sin pretender ser muy exhaustivos- tres maneras de promocionar/practicar el Satanismo, de muy diferente gravedad y amplitud cada una de ellas:

1) Estética: como si de un entretenimiento (uno más) se tratara, es decir, sin otras pretensiones que las de participar de su satánica armazón formal: tiendas online, moda, tatuajes, bisutería simbólica, ungüentos esotéricos, libros ad hoc, música, cine, etc., que fomentan y promueven, siquiera soterradamente y en sus aspectos más superficiales, este culto de adoración a Satanás (unas veces encubierto, otras abiertamente explicitado).

 En este nivel podemos encontrar desde la jovencita que se viste con ropajes góticos ricos en iconografías desaforadas, hasta esas señoras “respetables” que, cansadas de los libros básicos new age de Marcia Grad Powers, Louise L. Hay o Barbara Ann Brennan, por citar algunos de estos pastiches, han decidido pasarse a lecturas más comprometidas, como La Biblia de las brujas o elNecronomicón, poniendo en práctica las primeras tentativas en marcha… 





El esteta satanista suele participar alegremente del medio, pero desconoce la entraña profunda del mensaje: en su ignorancia y mala fe, trabaja para el Mal desinteresadamente, cual tonto-útil que es; realmente, si estos aprendices de Cagliostro intuyeran a qué basural están arrojando su alma, retrocederían espantados/as. 

2) Ideológica: en este peldaño superior, las “futesas” estético-formales quedan relegadas a lo anecdótico: loinconsciente-heredado con lo premeditado-proyectado se aúnan: el Mal puro comienza a manifestarse en toda su espesura, en cuanto rechazo, odio y condena de todo aquello que es, por propio derecho, contrario al satanismo y sus derivaciones: nos referimos, claro está, al odio al Cristianismo, en esencia a la Ley y doctrina de JesuCristo (o en su defecto a la mera Ley Natural), cual adversario a batir por los partidarios de la Cabra de Mendes. 

Esta manera de promocionar el satanismo se visibiliza (ya sin apenas velos en el contexto nacional) en todas y cada una de las acciones, omisiones y palabras articuladas por cierta tipología de político cristófobo y antiespañol (por razones de signo sobrenatural, España, Tierra de María, suele sacar de quicio a esta gente), y es que, cuando ciertos personajes de este tenor, sometidos a las consignas NOM, cantan las democráticas virtudes del aborto, o celebran la dignidad de la eutanasia, o ratifican el sano hábito de la sodomía, etcétera, etcétera, no nos debería caber la menor duda de que la promoción ideológica última de dichos personajes no es otra que la del satanismo (consciente o inconscientemente, ésa es ya otra cuestión, bien espinosa además).

3) Ritual: en este nivel nos encontraríamos frente a frente con el satanismo químicamente puro, estrictamente centrado en su objeto y fuente de goce: el culto integral y la adoración consecuente a Satanás.

No nos detendremos en esta tercera sección ahora, en cuanto excede con mucho las posibilidades de este artículo introductorio; tan sólo nos centraremos en ese satanismo de bajo y medio voltaje del que participan los dos escalafones previos, focalizando nuestra atención en las fuentes o, lo que hemos llamado antes, libros ad hoc.

Satanismo e industria cultural: el “caso Crowley”

Si acudimos al catálogo ISBN del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (la base de datos de libros editados en España), y escribimos en el buscador el nombre típico/tópico de “Aleister Crowley” (1875-1947), tendremos una certera ilustración de por dónde soplan los vientos en la patria de Santa Teresa y San Pedro de Alcántara. 

Curiosamente, o no tanto, el primer libro publicado en España firmado por el padre del satanismo contemporáneo, data del año 1976 (aparece pues al año siguiente del fallecimiento del General Franco, paradigma del estadista católico), y responde al brumoso título de Astrología.

Desde aquel algo lejano año de 1976, una treintena larga de entregas del satanista de marras (incluyendo reediciones varias) se han sucedido en nuestra patria, infectando los estantes de las librerías no especializadas; veamos ahora, década a década, cómo el número de estas publicaciones no deja de crecer (recuerde el lector que sólo contamos con las referencias que figuran en el catálogo ISBN, omitiendo todos aquellos libros de Crowley que no figuran en esta base de datos, y que se han difundido como la peste por los círculos esotéricos de rigor, a través de todo tipo deediciones piratas):

Años 1971-1980: 1 libro
Años 1981-1990: 6 libros
Años 1991-2000: 3 libros
Años 2001-2010: 7 libros
Años 2011-hoy: +13 libros

Nos hallamos desde luego bien lejos de los números que mueve un Brian Weiss cualquiera, pero resulta cuando menos alarmante comprobar el pico de la última década (signo de los tiempos).





 Lo más preocupante del caso es que tras esta demanda no late tanto un esfuerzo crítico de investigación seria como un pernicioso pasatiempo malsano, ya que el perfil medio de los lectores que se suelen zambullir en este tipo de lecturas no es tanto el de unos curtidos estudiosos en la materia, como el de frívolos turistas de la disciplina necesitados de experiencias “fuertes”, curiosidadesque den algo de tensión a su monótono día a día.

La “Biblia Satánica” y su popularización en España

Uno de los males que ha traído a nuestra patria el Régimen del 78 (sin obviar desde luego las “mutaciones” sociales emanadas del aperturismo del Concilio Vaticano II) ha sido la progresiva apostasía, en caída libre, de la sociedad.

 Mas el apóstata, ese sujeto pleno de soberbia rayano en el absurdo que toda caricatura desata, rara vez reniega de alguna forma de fe: necesita de nuevos modelos que la incentiven y vigoricen, aunque esos mismos modelos atenten profundamente contra los principios morales básicos que sostienen los pilares de la sociedad, en cuanto menoscaban la dignidad de la propia persona que recurre a ellos.

Entre las últimas y lamentables importaciones del mundo yanqui, descuella indudablemente la Biblia Satánica (1969; disponible en España desde 2010), petulante engendro obra de Anton Szandor LaVey (1930-1997), el conocido fundador de la paródica Iglesia de Satán, y llamado por algunos entusiastas “el Papa Negro” (!). 

Dejando al margen la pintoresca biografía de este turbio personaje de diseño, resulta harto significativo (por inquietante) el éxito de su doctrina entre el público posmoderno; doctrina expuesta paso a paso en la referida Biblia Satánica, un libro cuyo principal propósito no ha sido otro que popularizar (en clave esotérica y atea) la moral masónica-deísta (en sus más altos grados de iniciación) de cara a un público de masas acrítico e inculto, incapaz de digerir/vertebrar lo que está leyendo (en su sentido último/profundo). 

LaVey, remedo del adulador autocomplaciente, tergiversa la figura de Satanás, haciendo de la misma una lectura luciferina adaptada a la sociedad de consumo de la segunda mitad del siglo XX: el demonio pasa a ser así una antorcha luminosa, un paliativo contra la hipocresía, cual portador de “sabiduría” y “libertad”. 

Los dudosos panegiristas de esta “contra-Biblia” no se muerden la lengua alabando las presuntas virtudes del opúsuculo: “Este libro ya se ha convertido en un clásico y en un referente para millones de personas en todo el mundo”. ¿Un “clásico”? ¿Un “referente”? ¿“Millones de personas” en el mundo? El humo de Satanás se vende muy bien en los tiempos de la Mentira.

Así y todo, las nueve tesis satánicas de LaVey resumen bien el execrable contenido del libro, en absoluto original, pero bien típico de nuestro tiempo ego-maníaco, descreído y profundamente amoral:

Satán representa complacencia, en lugar de abstinencia.
Satán representa la existencia vital, en lugar de sueños espirituales.
Satán representa la sabiduría perfecta, en lugar del autoengaño hipócrita.
Satán representa amabilidad hacia quienes la merecen, en lugar del amor malgastado en ingratos.
Satán representa la venganza, en lugar de ofrecer la otra mejilla.
Satán representa responsabilidad para el responsable, en lugar de vampiros psíquicos.
Satán representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, otras veces peor que aquellos que caminan en cuatro patas, el cual, por causa de su "divino desarrollo intelectual", se ha convertido en el animal más vicioso de todos.
Satán representa todos los así llamados pecados, mientras lleven a la gratificación física, mental o emocional.
Satán ha sido el mejor amigo que la iglesia siempre ha tenido, ya que la ha mantenido en el negocio durante todo este tiempo.

Cómo un bodrio pernicioso de estas características ha logrado calar hondo entre cierto público español, es asunto que debería escapar a nuestro entendimiento. Ni que decir tiene que la filosofía de ciertos “ejecutivos agresivos”, de otros tantos hedonistas de salón burgués, gurús a la moda y pedantes impasibles, etc., bebe, a pies juntillas, de tales postulados.

Aviso a caminantes: desde esta tribuna, queremos advertir a los padres de buena voluntad que vigilen qué tipo de lecturas realizan sus hijos/as. 

La embrutecida y anestesiada sociedad española de nuestro tiempo (inmersa en estos momentos en el prefabricado debate de la eutanasia) debería estar alerta ante la amenaza que esta clase de libros comporta, en cuanto alimento espiritual negador y nihilista de una generación tan ayuna de referentes espirituales sólidos, a la que le ha sido amputado lo mejor de su tradición secular, que, no lo olvidemos, es CATÓLICA, APOSTÓLICA y ROMANA.

(Continuará)

José Antonio Bielsa Arbiol en exclusiva para La Tribuna de España

MIÉRCOLES, 10 ABRIL 2019 08:07 ESCRITO POR JOSÉ ANTONIO BIELSA ARBIOL