domingo, 26 de mayo de 2013

Apuntes sobre los Continentes perdidos de Mú y Lemuria


A lo largo de las épocas, los relatos de ciudades y continentes perdidos han excitado la imaginación del hombre. Todavía hoy prosigue la búsqueda de la isla de Atlantis o Atlántida, que se cree destruida hace más de 10.000 años por terremotos y mareas gigantescas. 

La Atlántida no es la única tierra legendaria pérdida bajo las aguas. Se ha dicho que dos continentes enteros desaparecieron sin dejar rastro; los dos eran mayores que la Atlántida y cada uno de ellos ha sido descrito, en algún momento, como la cuna de la humanidad. Si hemos de creer las leyendas, dos civilizaciones mucho más vastas han desaparecido sin dejar rastro, victimas también de cataclismos naturales. 

Los nombres de estos dos perdidos jardines del Edén eran Mú y Lemuria. Se supone que Mú estaba situado en el océano Pacífico y que su tamaño doblaba el de Australia. La leyenda afirma que Lemuria ocupaba la mayor parte del océano Índico y unía África con Oceanía.

Mú es el nombre de un hipotético continente, que se piensa estuvo situado en el Océano Pacífico, antes de que se hundiera en el mar. Su caso parece similar a los de la Atlántida y Lemuria. 

La primera mención conocida de Mu aparece en las obras de Augustus Le Plongeon (1825–1908), un viajero y escritor del siglo XIX, que llevó a cabo investigaciones de las ruinas Mayas , en la península del Yucatán. Anunció que había traducido las antiguas escrituras Mayas, que demostraban que era una civilización más antigua que las de Grecia y Egipto. Además contaba la historia de un continente incluso más antiguo, llamado Mú, que se había hundido de una manera similar a la Atlántida y cuyos sobrevivientes fundaron la civilización Maya. En 1864, el abate Brasseur estaba intentando traducir un códice maya usando un “alfabeto” compilado por el conquistador Diego de Landa. Ahora bien, la escritura maya era algo similar a la japonesa o la egipcia, ya que usaba ideogramas que también tenían valor fonético: por lo tanto carecía de alfabeto. 

Lo que el español había encontrado era un conjunto de símbolos que, leídos en voz alta, sonaban como las letras del alfabeto latino. Brasseur entendió que el códice narraba una catástrofe volcánica que había destruido un continente entero. 

Su nombre se expresaba en dos símbolos que correspondían a las letras “M” y “U”. Nacía Mú. En este punto no podemos dejar de recordar al coronel del ejército británico James Churchward (1851–1936), teósofo e investigador condiscípulo de madame Blavatsky; al igual que descubridor y defensor de las evidencias que configuran la teoría esotérica moderna de la existencia del continente de Mú.

James Churchward, a la sazón coronel británico destinado en la India Colonial de finales del siglo XIX, realizó un sinfín de viajes e investigaciones por toda la India, Siberia y Mongolia en busca de las evidencias arqueológicas del alfabeto Uighur en el que él mismo asegura están escritos los misteriosos archivos secretos Naacals, identificados como las últimas reliquias del sumergido continente de Mú. James Churchward narra en sus libros, como el año 1866 un ‘rishi’ en la India le mostró unas tablillas antiquísimas guardadas en las cámaras secretas de un arcano templo hindú, las cuales estaban grabadas en un lenguaje ideográfico extraño que, según le contaron los sacerdotes del templo, formaban una pequeñísima porción de los tesoros rescatados por los Naacals antes del cataclismo que sumergió las siete ciudades sagradas que existieron en el continente de Mú. 

El viejo sacerdote hindú le había enseñado el nacaal, el lenguaje más antiguo que la humanidad haya articulado. Gracias a ello pudo descifrar el coronel la historia de Mu en unas vetustas tablillas de piedra escondidas en el templo del sacerdote. Según las tablillas, el hombre primitivo apareció en Mú hace dos millones de años y dio origen a una raza muy selecta de 64 millones de individuos. Entonces el continente fue totalmente destruido por una única y violentísima erupción. Hubo, no obstante, algunos supervivientes de los que surgieron las razas que actualmente habitan el globo. Churchward afirmaba que la extensión del continente era de 9.600 por 4.800 kilómetros y su centro estaba próximo al sur del ecuador.

Sesenta y tres millones de personas vivieron en el ahora continente perdido de Mu hace 200.000 años. Los hijos de Mu se volvieron las personas más influyentes en la Tierra. Mu tenía un gobierno increíblemente sofisticado, una cultura floreciente y una tecnología científica. Mucha de la civilización lemuriana vivía en casas con techos transparentes. Ellos construían refugios, hacían ropa, comida, y sus propias herramientas. Estaban libres de estrés y enfermedad, viviendo en paz por cientos de años. Sus habilidades físicas estaban altamente desarrolladas – telepatía, viaje astral y teletransportación haciendo los dispositivos de comunicación tradicional innecesarios. 

Eran principalmente una cultura vegetariana y agrícola, que funcionaba en armonía con la naturaleza y la tierra. Se cree que todas las religiones tienen un origen común en Mu. Hay evidencias de que la religión de Mu data de hace 170.000 años. Estas enseñanzas fueron enseñadas por Osiris, Moisés y Jesús. Moisés condensó las cuarenta y dos preguntas de la religión de Osiris en los Diez Mandamientos. Jesús condensó el texto para que quedara en el idioma de sus días. Las últimas palabras de Jesús en la cruz, ¿fueron en el idioma de Mu? Churchward explica las afinidades que existen entre las lenguas mayas y griegas. Estas contienen palabras muy similares que provienen de la lengua de Mú, un continente que reguló gran parte del mundo antiguo. Un mapa de Churchward muestra cómo pensaba que los refugiados de Mu se esparcieron después del cataclismo a través de Sudamérica, a lo largo de las orillas de la Atlántida y hacia África.

Churchward viajó también desde la India a Mesopotamia, Siria y Egipto en busca de las evidencias y rastros de las antiguas civilizaciones pre-diluvianas. Tras su pase a la reserva, se estableció definitivamente en Nueva York donde se dedico a viajar por el Oeste de Estados Unidos, Méjico y América Central en busca de esas mismas evidencias que demostraban una línea común en el estilo de esos caracteres arcanos. En los estados del sur, Churchward analizó múltiples escrituras en piedra logrando encontrar rasgos de civilizaciones antiguas en lugares hoy día desolados. 

Llegó a comentar: “Tenemos pruebas positivas que toda la región oeste de Norte América estaba poblada por personas civilizadas durante la parte posterior de la Era Terciaria y antes de la Era Glacial. Esas primeras civilizaciones de América vinieron de una tierra llamada Mú”. Churchward, que pasó una gran parte de su vida estudiando en los antiguos templos hindues, narra en uno de sus libros:“Existen dibujos e instrucciones para la construcción de la nave y su maquinaria al igual que el generador para su poder de propulsión, etc. El poder de alimentación se absorbe desde la atmósfera en forma simple e inexpensiva. El generador se parece a una turbina de las nuestras porque funciona y opera de una cámara hacia otra… el poder es ilimitado, o puede ser ilimitado por lo que los metales puedan soportar… He encontrado narraciones de varios vuelos realizados que de acuerdo a nuestros mapas comprenden una distancia de unas 1000 a 3000 millas sucesivamente.”

Churchward ha estudiado profundamente los templos antiguos, el manuscrito troyano, y un libro antiguo maya escrito en Yucatán. Se cree que el libro fue escrito hace unos 2000 a 3000 años. Churchward estudió también el código cortesano. Hizo unas referencias sobre un registro antiguo escrito en un templo budista en Lhasa. Todos estos escritos confirman las narraciones sánscritas acerca del imperio del sol que fue destruido en tiempos lejanos. 


Posteriormente a sus trabajos, muchos investigadores, arqueólogos y eruditos han encontrado un sin fin de pruebas y hallazgos arqueológicos entre los que se encuentran los 270 caracteres pictográficos figurativos encontrados en multitud de sellos de esteatita durante las excavaciones en las ruinas arqueológicas de las ciudades ribereñas del Indo, situadas en las regiones del Sindh, Lothal y Gujarat. En Mesopotamia (antigua Sumer), las ruinas arqueológicas de las ciudades antediluvianas de Eridu, El Obeid, Uruk y Djemdet se encuentran estelas con caracteres ideográficos de corte similar a los Indostánicos rescatadas de entre los restos de sus colosales edificios de terrazas y templos.

Pero lo más curioso es que dichos caracteres se encuentran esparcidos desde Pascua hasta Perú, América central y México, en un sinfín de formas simples y simbólicas que siempre acompañan a las gigantescas construcciones megalíticas originarias, algunas de ellas sumergidas como las polémicas moles ciclópeas submarinas en el cabo Isekiu o Iri-Zaki, en la isla de Yonaguni, cerca de Okinawa en el Sur del Japón. Los monumentos de piedra de origen misterioso salpican todo el Pacífico, desde los enigmáticos petroglifos en la Gran Isla de Hawai hasta la Isla de Pascua entre sitios sagrados y megalíticos. 

Todos estos caracteres ideográficos no son sino los signos y símbolos Lemures y Atlantes, que según los Teósofos dieron paso, durante nuestra Quinta Raza o Raza Aria, a nuestra escritura moderna como actualmente la conocemos. El relato sobre el continente perdido de Lemuria tiene una base lógica más firme. El nombre del continente fue acuñado por el profesor Philip Sclater, zoólogo británico del siglo XIX, y deriva del animal llamado lémur. Los fósiles de lémures y de otros animales de eras anteriores, encontrados en África y Malasia, sugirieron a Sclater la posibilidad de que existiera un continente perdido bajo el océano Índico. Entre quienes apoyaron la teoría de Sclater, se contaban el eminente biólogo Ernest Hackel y el evolucionista Thomas Huxlev.

El nombre de Lemuria proviene de lémur, animal parecido al mono que vive en África, en el sur de la India y en Malasia. El zoólogo británico P. L. Sclater, que ideó el término Lemuria, aseguró que el extenso continente se extendía desde Madagascar por el sur de Asia hasta el archipiélago malayo. Era un inmenso hábitat de lémures cuando fue invadido por el mar. 

Esta teoría fue confirmada por el hallazgo de animales fósiles semejantes, en zonas tan apartadas como la provincia sudafricana de Natal y el sur de la India. Entre otros evolucionistas del siglo XIX, el británico Thomas Huxley expresó su creencia en Lemuria, y el biólogo alemán Emst Haekel sugirió que el desaparecido continente pudo haber sido «cuna de la humanidad». De este modo surgió la hipótesis de que Lemuria fue sede del Paraíso Terrenal.

El surgimiento y caída de la civilización lemuriana no puede documentarse con certeza, aunque muchos han ido en busca de su continente mitológico. Se ha sabido que las civilizaciones perdidas surgen y caen – o solamente aparecen y desaparecen sin explicación. Como con los atlantes uno solamente puede especular lo que sucedió, basados en la evidencia arqueológica, leyendas y piezas de teorías reunidas por investigadores. Como con las civilizaciones más antiguas y perdidas, los lemurianos construirían pirámides o ziggurats – pirámides de escalones –, ligándolas a sus dioses que viven arriba (o en frecuencia más elevada). 

Estos serían lugares de adoración y sacrificio, o áreas de aterrizaje para naves espaciales. Las estructuras piramidales simbolizan la conciencia en espiral y la ascensión al lugar de los dioses y diosas que residen ‘arriba’ de nuestra realidad en un plano más elevado de existencia. ¿Hay un enlace entre los lemurianos y las pirámides mayas? La localización exacta de Lemuria varía con autores e investigadores diferentes, aunque es parte de los misterios de la región pacífica fluyendo hacia el continente americano, así como la Atlántida está ligada a las áreas de tierra del Atlántico que se extienden al Mar Mediterráneo. La ubicación de Lemuria, está ligada a un área con poderosos terremotos y volcanes que continúan, después de estar dormidos por muchos años. 

Parecería que las leyendas de la antigua Lemuria nos hablan una vez más con señales de advertencia – como supuestamente lo hicieron para los lemurianos antes de que el continente se hundiera en el mar. Muchos creen que la Isla de Pascua fue parte de Lemuria. Sus cientos de colosales estatuas de piedra y lenguaje escrito apuntan hacia una cultura avanzada, no obstante apareció el punto más remoto del mundo. Las leyendas de la Isla de Pascua hablan de Hiva que se hundió bajo las olas cuando la gente huyó.

Los samoanos llamaron a un lugar similar Bolutu. Era abastecido con árboles y plantas de frutas y flores, las cuales eran inmediatamente reemplazadas cuando se cosechaban. En Bolutu, los hombres podían caminar a través de los árboles, casas y otros objetos físicos sin ninguna resistencia. Los Maoris de Nueva Zelanda aún hablan acerca de la llegada de hace mucho tiempo desde una isla hundida llamada Hawaki, un vasto y montañoso lugar del otro lado del agua. ¿Tiene el descubrimiento del Hobbit de Flores – en octubre del 2004 – dos meses antes del tsunami y los terremotos – algún enlace con Lemuria? Hay varias fechas para la línea de tiempo lemuriana – algunas colocándola hace millones de años – mientras que otros definen la era lemuriana aproximadamente de 75.000 a 20,000 AC – antes de los atlantes. Otros especulan que la Atlántida y Lemuria co-existieron por miles de años. Es posible que continentes como Lemuria y Mu hayan existirlo, pues los terremotos, las inundaciones y las erupciones volcánicas han cambiado numerosas veces la faz de la Tierra. Seguramente continentes ahora separados por miles de kilómetros estuvieron una vez juntos. Ello explica que en partes diferentes del globo aparezcan plantas y animales de la misma especie. Hoy se sabe que los continentes actuales se han disgregado de una primitiva masa única. Pero el fenómeno se produjo mucho antes de la aparición del hombre.

Para los principiantes en este tipo de estudio la tierra de Mu es Lemuria. Los geólogos creen que después del enfriamiento de nuestro planeta toda la tierra estaba formada por un gran continente llamada Pangea rodeado por un gran océano conocido como Panthalassia. Con el pasar de las edades Pangea se dividió en dos partes. Laurasia era compuesta por Norte América, Europa, y Asia. Gondwana se componía de Sur América, África, Antártica, India, y Australasia. 

En 1939 en la región del círculo ártico el explorador Stefanson descubrió 800 casas. El nombre del lugar es conocido como El Lutak y se asemeja al sistema lingüístico semita. Los esquimales lo conocían como Ipiutak. Gozaban de una cultura similar al de los Mayas. Artefactos antiguos encontrados en Ontario Canadá reflejan la presencia de una antigua civilización que moraba en esa región hace aproximadamente unos 17.000 años. En algunos estados del centro de los EE.UU. se encuentran cadenas de montículos semejantes a las pirámides de Egipto y Méjico.

Su construcción geométrica requeriría conocimiento matemático y de ingeniería. En su interior se han encontrado cobre, brazaletes, ornamentos de plata, y hierro oxidado. Esto refleja que los antiguos habitantes de la región tenían un vasto conocimiento de metalurgia lo que revela que estos habitantes no eran tan primitivos como se ha enseñado por largo tiempo. Existen diversas opiniones sobre el origen de estos habitantes. Algunos comentan que pudieron haber venido de Méjico. Algunos símbolos cósmicos aparentemente pueden ser derivados de Lemuria. La construcción de los montículos servía no solo como hogar sino como una fortificación contra razas salvajes provenientes de los estados del norte. Algunos descubrimientos sugieren el culto a la serpiente.

El culto a la serpiente tiene una connotación con los hombres serpientes. Los hombres serpientes eran seres dotados de gran sabiduría y según los descubrimientos de las creencias de las naciones antiguas estos seres dotados de gran sabiduría eran provenientes del Espacio según las creencias de estos pueblos. 

¿Cómo llegó esta creencia de las culturas antiguas del Asia, Europa, y del Medio Oriente hasta los habitantes de los estados centrales de Norte América? 

Esta civilización desapareció sin dejar rastros. Algunos expertos creen que esta civilización fue invadida por otras razas. Una mejor fuente de información explica que la misma desapareció debido a un cataclismo de grandes proporciones que se produjo en la región. La enseñanza aceptada es que los antiguos habitantes de América vivieron aislados. Esto crea grandes problemas escolásticos pues de ser así; ¿cómo se explica las siguientes realidades? 

Los mayas tienen un cercano parecido facial a los orientales chinos incluso la formación de sus ojos son extremadamente parecidos. Los indios okanogan cuentan una leyenda que se asemeja a los relatos de la destrucción de Lemuria. Cuentan que en un tiempo de antaño en el centro del océano existió una gran tierra conocida como Samah Tumi Whoolah que significa “tierra del hombre blanco.”

Sus habitantes eran gigantes y eran gobernados por una reina blanca llamada Scomalt. esta poseía los poderes de los Tamahknowis. Encontramos que la creencia en cuanto a los Tamaknowis era que éstos eran provenientes del cielo (el Espacio Exterior). Con el transcurrir de las edades los gigantes se degeneraron llegando al salvajismo crónico produciendo al ira de la gran reina. Cuanta la leyenda que ésta dividió aquella parte de la gran isla en que moraban los gigantes haciendo que la misma quedara solitaria en medio del océano. La misma se hundió progresivamente hasta desaparecer. Antes de su completa destrucción un hombre y una mujer construyeron una embarcación. Pasaron largas noches y días viajando por el océano hasta alcanzar las costas de América. Su piel se tornó rojiza debido a la alta exposición de los rayos del Sol.

Los relatos esotéricos del Ramayana narran con suma claridad sobre la victoria que Rama tuvo sobre Ravana, señor de Lanka en Ceilán. La victoria de Rama representa la victoria de los hijos de Dios sobre los atlantes quienes se rebelaron contra los señores del firmamento, que son a la vez los señores del fuego. En la cultura oriental éstos eran vistos como los seres de luz cuya morada se remontaba en el lugar de las estrellas. 

El libro Stanzas de Dzyan escrito en el antiguo idioma de Senzar narra como los señores del fuego descendieron e inspiraron a la civilización de Lemuria. 

Estos relatos son eventos de la historia no escrita que quedaron borrados por las calamidades y las grandes guerras del pasado, donde se destruyeron enormes cantidades de papiros y manuscritos antiguos. La historia nos ha demostrado ya en varias ocasiones que los mitos tienen algo de realidad.

 Las ciudades de Troya, Machu Pichu, los tesoros del rey Tut, y las pirámides del Lejano Oriente son solo algunas de las pruebas que nos han hecho recapacitar. 

Los misterios de la Humanidad están ahí esperando ser descubiertos y estudiados por los amantes de la Verdad.

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