sábado, 16 de noviembre de 2019

Democracia en peligro: por qué se debilita en América Latina ?


La crisis en Bolivia es la última de una serie alarmante, en la que se mezclan gobiernos que rompen los límites constitucionales, demandas sociales que sobrepasan los canales formales, oposiciones radicalizadas y la reaparición de las Fuerzas Armadas como árbitro. 

Todo, en el contexto de una opinión pública polarizada, que sólo reconoce como democráticos a quienes piensan igual


El gobierno de Evo Morales terminó con una crisis completamente inesperada años atrás (foto montaje)

A 30 años de la tercera ola democrática, que sepultó a los regímenes autoritarios que habían sido la norma en América Latina, la democracia entró en una preocupante fase de debilitamiento. 

El fenomenal crecimiento económico que experimentó la región entre 2003 y 2013, que permitió reducir la pobreza y expandir las clases medias en casi todos los países, no estuvo acompañado de una consolidación política. Con el deterioro de la economía en el último lustro, se desataron varias crisis que exponen la fragilidad de las instituciones latinoamericanas.





La última es también una de las más dramáticas, por los indudables éxitos que había tenido el gobierno de Evo Morales en Bolivia. Pero la legitimidad de un masivo acompañamiento en las urnas, en un país con un sistema político desarticulado y escasos mecanismos de contrapeso, le permitió torcer a su favor dos reglas centrales de la democracia: el límite de los mandatos —clave en todos los sistemas presidenciales— y la inviolabilidad del sufragio popular.

Con el objetivo de refundar el país, impulsó en 2009 una reforma constitucional que creó el Estado plurinacional de Bolivia y, entre otras cosas, extendió a cinco años el período presidencial y habilitó una reelección consecutiva. Para no ser acusado de querer perpetuarse, incluyó una cláusula por la cual se iba a considerar como primer mandato al que había comenzado en 2006, por lo que solo iba a poder presentarse una vez más.

Evo Morales y el ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman (REUTERS/David Mercado)

Pero el triunfo con 64% de los votos en las presidenciales de 2009 lo convenció de que podía ir por más. Para eso dio un paso decisivo, que fue aprovechar su mayoría calificada para poblar de seguidores al Tribunal Constitucional y al Tribunal Electoral. Tras suprimir su independencia, consiguió un fallo que anulaba la restricción que él mismo se había autoimpuesto y le permitió volver a postularse en los comicios de 2014.

Una nueva victoria aplastante, creyó, le despejaba el camino para seguir obviando los límites. No sólo los de las leyes, sino incluso los de la ciudadanía. El 21 de febrero de 2016, el 51,3% de los bolivianos votaron en contra de habilitar una nueva reelección, pero el 29 de noviembre de 2017 el Tribunal Constitucional emitió uno de los fallos más insólitos de la historia latinoamericana: sostuvo que la Constitución violaba los derechos humanos de Morales al impedirle postularse.

Viendo lo que está pasando ahora, se comprueba hasta qué punto se debilita la democracia cuando la Corte Suprema se convierte en un apéndice del Poder Ejecutivo. En Colombia, por ejemplo, donde Álvaro Uribe era tan popular como Evo en Bolivia, fue la Corte Constitucional la que en 2010 frustró sus planes de ir por un tercer mandato.

Jeanine Áñez habla en La Paz, Bolivia, el 15 de noviembre de 2019 (REUTERS/Henry Romero)

“Una causa del debilitamiento de la democracia es el comportamiento cada vez más autoritario de presidentes elegidos democráticamente. Como bien describen dos politólogos estadounidenses en un libro publicado recientemente (Cómo mueren las democracias), los líderes electos pueden erosionar gradualmente los procesos para aumentar su poder. 

Eso lo vemos claramente en casos como Bolivia o Venezuela, donde Morales, Chávez y Maduro acumularon poder copando la Corte Suprema y la Corte Electoral con aliados, entre muchas medidas que llevaron a un desgaste de las normas democráticas. 

Eso pone a los partidos de oposición en una situación muy difícil: o aceptan participar en un sistema semi autoritario, con reglas de juego desiguales, o redoblan la apuesta usando métodos inconstitucionales para volver al poder. Ninguna de las dos opciones es buena para el fortalecimiento de la democracia”, explicó Miguel Carreras, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de California, Riverside, consultado por Infobae.

Morales necesitaba superar el 50% de los votos u obtener diez puntos de ventaja sobre el ex presidente Carlos Mesa para ganar su cuarta reelección en los comicios del 20 de octubre pasado. Ninguna de las dos condiciones se estaban cumpliendo cuando se interrumpió misteriosamente el cómputo de votos, que estaba por concluir. Cuando se reanudó, Morales obtenía los diez de diferencia y se declaraba ganador.

Nicolás Maduro disfrazado de policía en una ceremonia de graduación (REUTERS/File Photo)

Hasta ese momento, Mesa, un dirigente que durante la mayor parte de su trayectoria se caracterizó por su moderación, era el principal referente de la oposición. Pero la indignación popular con lo que se percibió como un fraude empezó a darle protagonismo a líderes radicalizados y extra partidarios, como Luis Fernando Camacho, del Comité Cívico de Santa Cruz.

Lo que terminó de activar el estallido fue la confirmación de que el proceso electoral efectivamente había estado viciado de graves irregularidades, la última frontera que le faltaba cruzar a Morales. Primero lo dijo la empresa contratada por el Tribunal Electoral para auditar los comicios. Luego lo afirmaron los supervisores de la OEA, que hasta ese momento había sido complaciente con el gobierno, pero que pasó a reclamar una repetición de las elecciones.

Morales trató de darle una salida institucional a la crisis que él mismo había desatado aceptando que se vuelvan a realizar los comicios. Pero ya era tarde. Las voces moderadas se habían apagado. Mientras hordas atacaban las casas de funcionarios masistas —luego, la del propio mandatario en Cochabamba— y los forzaban a renunciar, la Policía se amotinó y el general Williams Kaliman, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, le sugirió renunciar.

Daniel Ortega creó un ejército paramilitar para sofocar la rebelión ciudadana que inició en abril del 2018 en Nicaragua

Totalmente vaciado de poder y con un respaldo menguado —hasta la Central Obrera Boliviana le había pedido la dimisión—, Morales renunció el domingo pasado. Desde entonces, Bolivia está en una suerte de estado de excepción, en el que siguen los enfrentamientos entre las facciones en disputa, los periodistas son amenazados y no pueden trabajar, y no se sabe qué es legal y qué no.

“Lo que ha ocurrido es una debilidad institucional inherente a los procesos políticos encabezados por líderes personalistas, que se conciben a sí mismos como su expresión genuina. 

Por lo tanto, se resisten a delegar en otros la continuidad del proceso y, en muchos casos, pasan por alto restricciones constitucionales. Tanto Morales en Bolivia como Daniel Ortega en Nicaragua se ven a sí mismos como líderes de un pueblo virtuoso, con la responsabilidad de frenar a la elite dominante, que sin duda tiene impulsos reaccionarios y altamente conservadores. 





En Bolivia, las nuevas autoridades y los referentes opositores que encabezaron las revueltas rechazan la integración indígena, sus símbolos y sus discursos, y eso resulta particularmente grave en un país donde un gran porcentaje de la población es indígena”, dijo a Infobae el politólogo Pablo Valenzuela, becario del Centro de Estudios para el Conflicto y la Cohesión Social.

Juan Orlando Herández, presidente de Honduras

La crisis expuso también la otra cara del debilitamiento de la democracia en la región: la polarización total de la opinión pública, que ni siquiera llega a acuerdos mínimos sobre lo que son las reglas básicas de la democracia. 

Quienes se sienten identificados con Morales consideran que no hay nada antidemocrático en lo que hizo entre 2016 y 2019, y que lo único que sucedió fue un golpe de Estado perpetrado por los policías, los militares y las elites. Con la misma ausencia de matices, los que se ubican en el bando contrario entienden que Evo era un dictador y que no hubo nada irregular en su salida.

“En el contexto de discursos populistas, muchos grupos se han apropiado del concepto de democracia, dotándolo de significados específicos que no son compartidos por todos los actores políticos —continuó Valenzuela—. Ello lleva a que se polaricen las posiciones. Mientras algunos reclaman para sí la defensa de la democracia como ellos la entienden, otros son acusados de golpistas en la medida en que sostienen alguna noción diferente. 

En ese marco, es necesario llegar a puntos comunes sobre qué es la democracia: procesos electorales y un sistema donde los partidos pierden, entre otras cosas. Hay que construir un piso común que identifique a todos los actores sociales y políticos, pero ellos mismos tienen que estar dispuestos a reconocer y acatar las reglas del juego”.

Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras (AFP)

La democracia, otra vez en cuestión

Si bien se registraron crisis importantes en diferentes países de América Latina en la década de 1990, la mayoría logró procesarlas institucionalmente. Una de las grandes excepciones en esos años fue Perú, que quedó marcado por el golpe de Estado que dio el presidente Alberto Fujimori en 1992. Con apoyo de las Fuerzas Armadas, disolvió el Parlamento, intervino drásticamente el Poder Judicial, aplicó severas restricciones a la libertad de expresión y empezó a perseguir a opositores políticos.

El cambio de siglo fue un período de fuerte inestabilidad en toda la región, porque coincidió con la recesión que afectó a buena parte de las economías entre 1998 y 2002. El suceso más traumático de esa etapa fue el golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez en abril de 2002. Pedro Carmona, entonces presidente de Fedecámaras, estuvo menos de 48 horas en el poder con la ayuda de una parte de las Fuerzas Armadas. Pero una movilización popular y la reacción de otro sector militar lo desalojó del gobierno y restableció a Chávez en la presidencia.

Desde ese momento se abrió una era de aparente consolidación de la democracia, apoyada en el crecimiento económico sostenido que vivió la región por más de una década. La mancha en el período fue el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras en junio de 2009, tras un conflicto con el Congreso. Las Fuerzas Armadas, que parecían corridas de la escena en la región, lo sacaron de su residencia y lo llevaron en avión a Costa Rica, avalando la asunción de Roberto Micheletti, presidente del Parlamento.

Los altos jefes militares posan con el presidente Martín Vizcarra sentados en su despacho presidencial (Foto: Twitter Presidencia Perú)

Lo de Honduras fue un recordatorio de que esas cosas aún podían suceder en América Latina. Pero seguía pareciendo impensable en la mayoría de los países.

Las crisis democráticas comenzaron a desencadenarse a partir de 2016, cuando quedó claro que China ya no iba a crecer ni a comprar commodities al nivel en que lo venía haciendo, y las economías de toda la región se resintieron. Conflictos que estaban en ascenso, pero se mantenían bajo relativo control, terminaron de estallar.

“Las debilidades institucionales de América Latina no son nuevas, son de largo plazo. Estados débiles, falta de mecanismos representativos genuinamente democráticos, hiperpresidencialismos autoritarios, jueces politizados, corrupción endémica. 

La lista es larga. 

En la primera década y media del siglo, el boom de las commodities y las esperanzas despertadas por el acceso al gobierno de partidos de izquierda y centro izquierda generaron una estabilidad que atenuó el conflicto social y forjó expectativas de mejoras en las condiciones de vida de la población. 

Hoy estamos en una nueva media década perdida de bajo crecimiento económico y estancamiento, que se une con la pérdida de apoyo y de legitimidad de los gobiernos de turno. Eso expone nuevamente las debilidades institucionales de la democracia liberal en América Latina”, sostuvo Francisco Panizza, profesor de política comparada latinoamericana de la London School of Economics, en diálogo con Infobae.

Protestas en Chile (REUTERS/Ivan Alvarado)

El máximo exponente de este proceso es, sin dudas, Venezuela. Los gobiernos de Chávez habían corrido ciertos límites constitucionales, pero no se habían atrevido a vulnerar el principio electoral. A diferencia de Morales, ganó en 2009 un referéndum para enmendar su propia Constitución y habilitar la reelección presidencial indefinida.

 Algo que no existe en ninguna democracia presidencialista más o menos consolidada, aunque es muy habitual en los autoritarismos electorales de África y Asia Central. Al igual que Evo, convirtió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en un ente testimonial.

Pero los niveles de conflictividad empezaron a crecer a partir de 2013, cuando murió Chávez y asumió Nicolás Maduro, y fueron muy superiores a los de Bolivia, donde además la economía se mantuvo siempre ordenada y estable.

 Un sector radicalizado de la oposición asumió el liderazgo en 2014 y trató de forzar la salida de Maduro a través de movilizaciones en las calles. La respuesta del gobierno fue una combinación de represión y persecución que dejó a decenas de muertos y a varios presos políticos, entre ellos, Leopoldo López.

El fracaso de esa alternativa le abrió la puerta al ala moderada de la oposición, que apostaba a una salida electoral. El sorprendente triunfo en los comicios legislativos de diciembre de 2015, que le dio le dio mayoría de la Asamblea Nacional a los opositores, parecía augurar un desenlace institucional al enfrentamiento.

Protestas en Ecuador (Franco Fafasuli)

Pero ocurrió todo lo contrario. Ante la perspectiva de dejar el Estado, el chavismo se exacerbó. A través del TSJ, el Gobierno bloqueó absolutamente todas las acciones aprobadas por el nuevo Parlamento. 

Luego negó arbitrariamente la posibilidad de realizar un referéndum revocatorio y en 2017 creó un Legislativo paralelo, la Asamblea Nacional Constituyente, en comicios fraudulentos y sin participación ajena al oficialismo.

“La causa principal para explicar el aparente debilitamiento de la democracia es el uso de los procedimientos democráticos para debilitar el sistema y así realizar un objetivo alternativo. Esto, en combinación con el antiguo fantasma de Latinoamérica, el autoritarismo, puede explicar parcialmente la cuestión. 

Tras alcanzar el objetivo inicial, que es controlar el Ejecutivo, se hace una necesidad controlar los demás poderes, así como el ente que organiza las elecciones. Una vez consolidado el poder, es cada vez más fácil debilitar la democracia”, dijo a Infobae el politólogo Miguel A. Buitrago, profesor de la Universidad de Hamburgo.





La estocada final fueron las elecciones presidenciales de mayo de 2018, que se realizaron con los principales líderes y partidos opositores proscritos, y sin aceptar supervisión internacional. Así Maduro obtuvo una reelección considerada ilegal e ilegítima por muchos países. Con ese argumento, en enero de este año la Asamblea Nacional desconoció a Maduro y nombró “presidente encargado” a su titular, Juan Guaidó.



El conflicto permanece abierto y el actor clave es la Fuerza Armada Nacional. No ya como árbitro o garante del orden, sino como parte de un régimen en el que el componente militar se impone cada vez más sobre el civil.

El caso de Nicaragua tiene parecidos impactantes con el de Venezuela, empezando por la reelección presidencial indefinida. La democracia también se fue horadando de a poco, a partir de la acumulación de atribuciones por parte del gobierno de Daniel Ortega. Primero ilegalizó al principal partido de oposición y despojó de sus bancas a varios de sus diputados, y luego ganó su cuarto mandato en comicios sin adversarios reales ni auditorías externas. 

Tras varios años de una extraña calma, la ciudadanía estalló en 2018 con un masivo movimiento de protesta, que fue brutalmente reprimido. Ortega continúa en el poder, pero la inestabilidad es enorme.

Honduras volvió a demostrar que tiene una de las democracias más débiles de América Latina en 2017, cuando Juan Orlando Hernández, presidente desde 2014, fue habilitado por la Corte Suprema a postularse a una reelección, a pesar de que no está contemplada por la Constitución.

 Ganó en comicios plagados de irregularidades. Este año la degradación alcanzó un nuevo nivel cuando la Justicia estadounidense condenó por narcotráfico a su hermano Tony y acusó a Hernández de recibir sobornos millonarios de El Chapo Guzmán.



Instituciones sin respuestas

Latinobarómetro anticipó en 2018 la crisis de la democracia en América Latina. Su encuesta regional reveló que sólo el 48% de los latinoamericanos considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. El dato igualó al de 2001 como el peor desde 1995, cuando la organización comenzó a realizar el estudio. Además, llegó a un máximo de 28% la proporción de personas que dicen que les da lo mismo si hay o no democracia en su país. El 15% directamente prefiere un régimen autoritario.

También llegó a su pico en el período la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia: 71 por ciento. Los insatisfechos representaban el 51% en 2009, 20 puntos menos. Otro dato preocupante es el declive de la confianza en el órgano de control electoral, lo que supone que se descree del resultado de los comicios. Entre 2006 y 2018 cayó de 51 a 28 por ciento.

En muchos países de la región no se registraron golpes de Estado, pero sí graves tensiones que muestran la decreciente capacidad de la democracia para procesar los conflictos y dar respuesta a las demandas sociales. El impeachment a Dilma Rousseff en agosto de 2016 es un buen ejemplo.

Si bien el proceso siguió los pasos que dicta la Constitución, y fue supervisado por un Supremo Tribunal que es considerado independiente, lo anodino del delito que se le imputó —manipular las cuentas públicas— revela que el objetivo era usarla como chivo expiatorio ante el reclamo de la ciudadanía contra la corrupción política. 

Fue el resultado de un fracaso de los partidos políticos para dirimir sus diferencias como se espera de ellos. El triunfo de Jair Bolsonaro, un militar con un discurso antisistema y antipolítico, es otro síntoma del mismo malestar.


“Desde los años 90 la democracia no ha traído las mejoras prometidas al inicio de la tercera ola —dijo Buitrago—. La gente perdió las ilusiones y se ha tenido que confrontar con la realidad democrática. 

Esa realidad que se basa en la aceptación de una derrota electoral, en la realidad de los resultados de compromisos políticos, en la realidad de tomar en cuenta la opinión de la minoría política, y en la realidad de querer vivir esos valores liberales. A todo eso se le suma la creciente desigualdad, que parece la manifestación de esa discrepancia entre los ideales de la democracia y la dura realidad”.

En Perú hay muchos puntos de contacto con lo que está pasando en Brasil. Tres ex presidentes fueron arrestados por causas de corrupción vinculadas al Lava Jato, y el cuarto, Alan García, se suicidó en abril de este año, antes de ser detenido por la misma razón.

También cayó la jefa de la oposición, Keiko Fujimori, que había perdido las elecciones de 2016 por centésimas. Eso la llevó a proponerse desestabilizar a los gobiernos. Primero el de quien la venció, Pedro Pablo Kuczynski, y luego el de Martín Vizcarra, quien lo sucedió tras su renuncia —para evitar la destitución—. El enfrentamiento con el Parlamento, dominado por el fujimorismo, llegó al extremo de que el presidente lo disolviera y este reaccionara suspendiéndolo por 12 meses.

La disputa se zanjó cuando una multitud salió a respaldar a Vizcarra, y este se mostró con los jefes de las Fuerzas Armadas, que le mostraron explícitamente su apoyo. Un ejemplo del inquietante rol que parecen haber recuperado los militares en la región.



“En este escenario han vuelto a surgir las Fuerzas Armadas como árbitro. En realidad, es un rol al que nunca han renunciado del todo. La diferencia es que no se involucran directamente en el proceso político, ni buscan tampoco ocupar una posición de poder, sino que inclinan la balanza hacia alguna posición. El caso de Venezuela es diferente, pues el proceso bolivariano desde un principio se basa en la incorporación de los militares en la política, y hoy gran parte del sostén del que dispone el gobierno de Maduro es gracias a su presencia monolítica”, dijo Valenzuela.

Otro modelo de crisis es el de Ecuador y Chile. En ambos casos, un aumento en un servicio —la gasolina en un caso y el metro en el otro— desencadenó una ola de protestas masivas y violentas, que paralizaron al país.

“El caso chileno es muy diferente —dijo Carreras—. No se observa la misma tendencia del ejecutivo a erosionar las normas democráticas, pero la crisis actual parece ser el resultado de una crisis de la representación democrática en ese país y de un crecimiento económico muy desigual. Esto se relaciona con una incapacidad de los gobiernos sucesivos para responder a las expectativas crecientes de las nuevas clases medias, que sienten que sus demandas son ignoradas por el establishment político”.





Entre los elementos comunes a ambos países se puede encontrar el enojo con el deterioro de las condiciones de vida y la desigualdad, la ausencia de vehículos estatales o partidarios capaces de canalizar el descontento, y la apelación de los gobiernos a las Fuerzas Armadas con la esperanza de restaurar el orden.

“La creciente presencia de los militares puede ser un resultado de la confluencia de dos factores. Por un lado, el debilitamiento institucional de la democracia, asociado fuertemente con la crisis de los partidos políticos, que deja un vacío que no puede ser llenado por los actores del sistema. Por otro, el resurgimiento de diversas formas de conflictividad social, desde la que se origina en factores socioeconómicos hasta la de carácter delincuencial, que asumen expresiones violentas. 

Ambos factores ofrecen una oportunidad a actores como los militares que se ven a sí mismos como portadores del orden. Por tanto, es probable que estos episodios de presencia e intervención se hagan más usuales en América Latina”, afirmó Simón Pachano, profesor de ciencia política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Sede Ecuador (FLACSO), consultado por Infobae.


Cámara de seguridad graba a un humano interdimencional cruzar una puerta cerrada


Un vídeo que esta causando un gran debate en las redes sociales, el vídeo muestra un hombre atravesando un puerta de cristal que se encuentra cerrada de un establecimiento comercial.

Algunos usuarios de la red opinan se trata de un CGI (imágenes hechas por computadora), otros se trata de un holograma en todo su esplendor, pero algunos dicen es un ser humanoide de esos que ya viven entre nosotros los humanos.

Cuando el extraño hombre se encamina a la puerta, la cámara capta parpadeos de las luces del establecimiento, incluso cuando el hombre ya se encuentra supuestamente dentro se puede observar como las luces de dentro del establecimiento parpadean segundos después el hombre sale atravesando la puerta.





Parece que hay un poco de energía sobrenatural relacionada con el humanoide Interdimensional, lo que provoca el parpadeo de las luces dentro y fuera del centro comercial y las imágenes de la videocámara, el vídeo fue captado por las cámara de seguridad del establecimiento el pasado 30 de enero de 2016.

El vagabundo que se encuentra dormido fuera parece percatare de este hombre al entrando y saliendo del establecimiento.

Me imagino que la gran mayoría ya vio este vídeo, pero si a un no lo has visto esta muy interesante

¿Es un holograma, un CGI o es Real?

Vídeo:


Misterioso monumento es hallado en un bosque británico que inspiró a J.R.R. Tolkien y a J.K. Rowling

 

El equipo arqueológico que lo ha descubierto desconoce aún qué usos se le daba en la antigüedad, aunque lo más probable es que se utilizase para celebrar rituales funerarios. 

Una de las piedras del monumento sobresaliendo entre la abundante maleza. Gracias a un escáner aéreo de la zona con tecnología láser (LiDAR), un grupo de arqueólogos ha descubierto un enorme monumento de piedra circular (cairn) en el famoso Bosque de Dean, situado en el oeste del condado de Gloucestershire, Inglaterra. 





Se trata de un conjunto de piedras apiladas, que data del año 2.000 a.C., construido durante la Edad de Bronce. 

Sin embargo, el equipo del arqueólogo Jon Hoyle, autor del descubrimiento, desconoce exactamente qué usos se le daban al monumento. 

Lo más probable —una hipótesis aún por confirmar— es que se utilizase para celebrar rituales, probablemente fúnebres, en su interior; algo que los expertos sospechan porque se han encontrado restos de fuego en otros anillos similares. 

Detección del ‘cairn’ circular por LiDAR. Una de las características más sorprendentes de la estructura es su enorme tamaño: unos 25 metros de diámetro.

 De hecho, lo primero que Hoyle pensó al observar los resultados del escaneo tridimensional de la zona fue que montículo era en realidad un búnker o un depósito de armas de la Segunda Guerra Mundial. Pero no: su antigüedad era mucho mayor, más de 4.000 años.

 En declaraciones a la cadena BBC, Hoyle dijo que los montículos circulares de piedras eran «comunes en lugares como Derbyshire, Northumberland y Gales», pero este era el único conocido en el condado de Gloucestershire. 

Además, el investigador incluirá este «emocionante y relevante» descubrimiento en su próximo libro, Hidden Landscapes of the Forest of Dean (‘Paisajes ocultos del Bosque de Dean’). 

Recreación artística.

 Bosque inspirador 

Como dato de color, cabe destacar que la zona forestal donde se halló el monumento es bastante conocida para la literatura inglesa. J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos, se inspiró en este área a la hora de escribir su obra cumbre, llevada al cine en forma por parte de Peter Jackson. 

Pero la vinculación con grandes obras británicas no acaba ahí. J.K. Rowling, «madre» de Harry Potter menciona este bosque en uno de los libros de la saga del joven mago, uno de los pocos escenarios reales de la trama.


Una formación de Extrañas Luces en el cielo provoca el Pánico en Hawái



Algo está ocurriendo en nuestros cielos. Cada vez son más las extrañas luces que aparecen de la nada sin ningún tipo de explicación. Aunque en un principio se puede pensar que son drones, sus movimientos que desafían todas las leyes de la ciencia demuestran todo lo contrario. 

Incluso los encuentros con objetos voladores no identificados por parte de los pilotos llevaron a la Armada de los Estados Unidos a tomar medidas. Este año la Marina estadounidense confirmó que estaban redactando pautas para establecer un proceso formal para que los pilotos y el personal militar informen sobre avistamientos de ovnis.





La medida se tomaba después de un aumento en lo que la Marina llamó una serie de intrusiones por parte de aviones avanzados en grupos de ataque de portaaviones. Si bien este desarrollo se produce sin admitir la existencia de vida extraterrestre inteligente en nuestro planeta, indica que los encuentros documentados son al menos lo suficientemente auténticos como para justificar una mayor investigación. Pero esto no evita que continúen apareciendo extrañas luces en los cielos, como ha ocurrido en Hawái.

Increíble formación de luces en el cielo

Por segunda noche consecutiva, los cielos sobre Hawái se han iluminado por una serie de misteriosos objetos que brillan en la oscuridad. Aunque cientos de habitantes informaron a la Administración Federal de Aviación, todavía no ha habido una explicación oficial.

Los hawaianos informaron que misteriosas luces perfectamente en formación volvieron al cielo nocturno después de que aparecieran la noche anterior, según informa Hawaii News Now.

“Estaba saltando arriba y abajo, enloqueciendo como, ‘¿Qué es eso? ¿Qué es eso?’”, dijo un testigo, mientras que otro habló de 20 a 25 luces que se parecía a una vela romana en el cielo. “Fue bastante raro. No podía entenderlo.”

La formación de luces en el cielo sigue siendo un enigma para los hawaianos, lo que ha provocado todo tipo de especulaciones sobre su origen. 

Si bien el Servicio Meteorológico Nacional dijo que no detectó nada inusual, la Administración Federal de Aviación, a quien los medios de comunicación han solicitado una explicación, tampoco ha podido explicar el misterio.

Por lo que no nos debe de extrañar que fueran muchos que aseguraran que se trataba de naves de origen extraterrestre

Podrían ser un grupo de sondas enviadas para controlar nuestra actividad aquí en la Tierra. Otra posibilidad es que la presencia de las extrañas luces anuncie algún tipo de catástrofe inminente, ya que es bien sabido que razas extraterrestres en nuestro planeta se siente atraído por los desastres, ya sean natural o artificial.

Por otra parte, aunque no hay una declaración oficial, la compañía de ingeniería Oceanit sugiere que el espectáculo nocturno fue producido por la misión Starlink de SpaceX, que lanzó un cohete Falcon 9 con 60 mini satélites para establecer Internet de banda ancha de alta velocidad en todo el mundo. 

Al parecer, se colocan en línea antes de dispersarse. Según el coordinador de mercadotecnia de Oceanit, Hawaii tuvo la suerte de tener condiciones de visualización privilegiadas que les dieron a los habitantes un buen espectáculo.


“Están constantemente orbitando la Tierra”, dijo Leah Colburn, coordinadora de marketing de Oceanit. «Solo depende de la ubicación del Sol, qué tan brillante sea, dónde está la sombra de la Tierra, todo afecta la visibilidad.”

La verdad es que ahora lo tienen realmente fácil, cualquier avistamiento OVNI puede ser desacreditado fácilmente considerándolo como satélites, drones o en un futuro, la Fuerza Espacial de los Estados Unidos (USSF). 





Por lo que ahora las naves o sondas extraterrestres ya podrán “campar a sus anchas” por nuestro espacio aéreo ya que nadie pondrá en duda la versión oficial. Por suerte, unos pocos saben la verdad.

¿Qué opinas sobre el avistamiento en Hawái? ¿Son satélites, drones o tal vez ovnis de origen extraterrestre?


La Policía acusa al PSOE y Marlaska de poner en peligro su vida al no dejarles usar pelotas de goma en Barcelona


Gracias a la abstención de los de Miquel Iceta, Torra podrá retirar a los Mossos de las calles si Policía y Guardia Civil utilizan pelotas de goma para disolver a los CDR.

Agentes de la Policía Nacional en los disturbios de Barcelona tras conocerse la sentencia del procés. @Getty
16/11/2019 13:11

La Policía Nacional, a través de uno de los principales sindicatos policiales, Unión Federal de Policía (UFP), ha afeado a Miquel Iceta, líder del PSC, que se abstuviera en el Parlamento catalán en la aprobación de una moción presentada por Podemos a través de la cual se impide a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado usar el material antidisturbios en las barricadas de los CDR en las calles de Barcelona. Un hecho, según explican en el comunicado, que pone en peligro tanto su seguridad como la de los ciudadanos que transitan por las calles de la Ciudad Condal.





Y no sólo eso, además, desde el sindicato policial hace enrojecer al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, al echarle en cara su inmovilismo ante el atropello del orden constitucional reflejada en el artículo 104.

 Éste reza, de manera clara que “las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”.

Recordemos que Iceta, con su abstención, ha permitido que el Govern de Quim Torra prohiba –a petición de Podemos– el uso de pelotas de goma a Policía Nacional y Guardia Civil. De seguir usándolas, los Mossos dejarán de colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

A partir de ahora, los antidisturbios de los Mossos d’Esquadra no podrán participar en operaciones conjuntas con Policía Nacional y Guardia Civil si los cuerpos policiales estatales no se comprometen a no utilizar pelotas de goma en sus acciones.

El sindicato policial ha señalado que "resulta sorprendente" que Iceta haya permitido que se apruebe una moción de estas características porque, apuntan, permite que "un Parlamento Autonómico condicione la actuación de la Policía Nacional, en casos de grave alteración de orden público, y que la Dirección General de la Policía o el propio Ministro del Interior no hayan anunciado que plantean recurso a la citada moción parlamentaria".

Denuncian, con amargura en el tono de su comunicado, que la complicada situación que están viviendo los agentes desplazados a Cataluña tras conocerse la sentencia del procés.

"Los policías destinados en Cataluña y los desplazados para colaborar con los Mossos en el restablecimiento del orden público, están soportando malas condiciones de alojamiento, difícil descanso, estrés derivado de la situación en la que trabajan, una sociedad hostil y violenta, con medios materiales en muchos casos caducados".

Por ello, señalan que el malestar entre los agentes va creciendo por momentos, sobre todo tras la aprobación de esta moción presentada por Podemos. "Ahora, además, se prohíbe el uso de material antidisturbios, bajo amenaza legal de que los Mossos no nos prestarán apoyo o dejarán de existir la colaboración, tan necesaria, entre ambos Cuerpos", explican desde el sindicato policial en el citado comunicado.

"¿En qué ley, protocolo operativo, etc, está escrito que los policías tengan que soportar durante horas lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes sin que se organice un dispositivo para dispersar y detener a los violentos?;

¿Qué Estado y qué Gobierno permite que le “lapide” a los policías y que la respuesta de éstos sea meramente defensiva y arriesgando la vida de los agentes? (más de 300 heridos)", expone la Unión Federal de Policía (UFP).





Por todo esto anteriormente expuesto, los agentes de la Policía Nacional piden al Ministerio del Interior y la Dirección General de la Policía que reaccionen. "Deben recurrir la moción y no ceder ante el chantaje de los violentos y de los Grupos Parlamentarios que les apoyan en el Parlamento de Cataluña", explican. Además, recuerdan a Grande-Marlaska que "no hace falta recordar que el art. 104 de nuestra Constitución establece que, “Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”".

Por lo tanto, concluyen desde la organización policial, "todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, dependen del Gobierno y cuando un Parlamento o un Gobierno Autonómico aprueban mociones que ponen en riesgo a los policías y a los ciudadanos, es obligación del Gobierno, de quien dependen, tomar las riendas de su mando, con firmeza y sin complejos".

https://okdiario.com/espana/policia-acusa-psoe-marlaska-poner-peligro-vida-no-dejarles-usar-pelotas-goma-barcelona-4824543


El Derecho a la Violencia

-16 noviembre, 2019



El comportamiento político de los soberanistas catalanes está dando lugar a un cierto número de términos nuevos para designar instituciones y deseos que no tienen cabida en el entramado formal de las democracias. 

El llamado derecho a decidir, por ejemplo, debe reconocerse como una innovación ingeniosa, porque cumple a la perfección ese papel de envoltorio verosímil de un completo equívoco, de una petición de principio por completo sofística. 

En particular, esa expresión, pese a ser ajena a cualquier lógica, oculta con cierta eficacia la negación de todo derecho a quienes no forman parte de la minoría que pretende arrogarse la capacidad decisiva.

Desde que se conoció la sentencia del Tribunal Supremo, tan benigna y bienintencionada como quepa imaginar, las protestas de hecho parecen haber tomado el lugar de vanguardia que hasta este momento se había otorgado a la retórica política, a la invención de supuestas razones.

 Como los soberanistas parten de la base de que les amparan derechos tan innegables como amplios y convenientes, como sostienen que nunca han hecho nada que pueda tacharse de delictivo o ilegal, y no consta ninguna reacción recriminatoria hacia las actuaciones de guerrilla llevadas a cabo por esa turbamulta de organizaciones patrióticas, soberanistas, y republicanas, no me queda otro remedio que suponer que, por alguna razón que se me escapa, todavía no se han decidido a innovar en la teoría dando soporte conceptual a semejantes travesuras, no vaya a ser que cualquier españolazo (o fascista que es lo mismo, al parecer) se confunda y llegue a creer que las llamaradas en las calles, los cortes de vías férreas y de autopistas constituyan actos desprovistos de fundamento legítimo. 

En esta línea, sugiero que se bautice como “derecho a la violencia” la legitimidad que según Torra (“apreteu, apreteu”) y otros tratadistas asiste a los incendiarios, saboteadores y ocupadores de calles que cumplen con el patriótico deber de poner en un aprieto a la malvada España y a sus pusilánimes gobiernos.

Tal proceder es otra manera de mostrar el derecho de Cataluña a ser un Estado independiente, un Estado de una Nación que, a ojos de sus historiadores apesebrados, ha sido la primera en existir, la más noble, la más brava y la más creativa y abierta en el universo mundo. 

En efecto, desde Hobbes se sabe que la violencia es un poder que solo pertenece al soberano, idea que repitió Weber sobre el monopolio legítimo de la violencia, de modo que al ejercer el derecho a la violencia que ampara a los CDR y a los Tsunamis democráticos, se está demostrando de forma irrefutable, que Cataluña usa de manera independiente y soberana ese poder legítimo a violentar a los enemigos que la agreden, a oponerse a sentencias ilegítimas y abusivas, y a ejercer son limitación alguna una parte todavía pequeña de la violencia legítima que poseen en función de sus derechos nacionales.

Puede que algunos crean que es cuestión de dejar pasar el tiempo, de esperar a que los aguerridos republicanos vean que no hay nada que hacer, pero hay un error muy de fondo en ese planteamiento, y es que no se puede dialogar con quien emplea la violencia ni se puede premiar a quienes la auspician y legitiman

Los sorprendente del caso es que este supuesto derecho de cualesquiera catalanes, sin necesidad de investidura alguna, a golpear, perseguir, asustar, interrumpir, destruir, quemar, la vida ordinaria de cualquiera que tenga la mala suerte de tener que andar por ahí, es jibarizado de manera irresponsable por el Gobierno bonito de Sánchez, más ocupado en defunciones varias, que en sus funciones, reduciéndolo a la categoría de desórdenes públicos, lo que en buena lógica debiera irritar sobremanera a quienes usan de un derecho tan fundamental como el de la violencia legítima cuando lo consideren necesario y contra quien quiera que se tropiecen.

Son muchos los que han hablado de la desaparición del Estado en Cataluña, pero ninguna desaparición puede compararse a esta dejación en manos de las turbas del monopolio de la violencia mientras los ciudadanos tienen que contemplar atónitos y sufrir con resignación esta apropiación de las funciones legítimas del único y verdadero Estado democrático.

Al actuar de ese modo, están jugando con fuego, y no solo literalmente. Al ocupar las vías públicas en base a su derecho a la violencia están poniendo de manifiesto que el Estado no se atreve a comparecer, pero, sin darse cuenta, están dando una imagen muy adecuada de qué clase de cosas promueven en realidad, de cómo sería cualquier supuesta República catalana, no un oasis sino un infierno en el que los más necios y brutales se acabarían saliendo con la suya.

No podemos seguir consintiendo que se transforme el derecho de manifestación en un inexistente derecho a ejercer la violencia sobre los ciudadanos que creían vivir bajo el manto protector de la ley y el derecho. Es verdad que cualquier manifestación bordea los límites de la violencia por cuanto impide a terceros su derecho a circular, pero no puede haber ningún derecho a manifestarse que se convierta en un ejercicio de violencia bien preparado, ejercido con órdenes precisas y apoyado de una manera bien abierta por el Estado mismo en su función de gobierno y administración autonómica, lo que ha llegado a la paradoja máxima de azuzar a los manifestantes al tiempo que enviaba a los guardias, aunque, eso sí, con la advertencia clara de empapelar a cualquier agente que se extralimitase y atentase contra ese nuevo derecho catalán a la violencia callejera, de momento.

Los sucesos de Cataluña rompen todos los moldes y expresan de forma muy elocuente el barroquismo de la cultura política catalana, esa mezcla de hipocresía, cobardía y ostentación tan propia del prototipo del miles gloriosus. 

Lo en verdad nuevo aquí es la indeterminación de los Gobiernos de España para atajar esa violencia, su incapacidad para desmentir cualquier atisbo de legalidad en la lucha incivil por una imposible república y su determinación para proteger el derecho de una mayoría de catalanes a la vida pacífica y de la totalidad de los españoles a vivir en una democracia digna y no sometida a chantajes sean culturales, democráticos o populares.

Puede que algunos crean que es cuestión de dejar pasar el tiempo, de esperar a que los aguerridos republicanos vean que no hay nada que hacer, pero hay un error muy de fondo en ese planteamiento, y es que no se puede dialogar con quien emplea la violencia ni se puede premiar a quienes la auspician y legitiman. 

Los soberanistas están empleando la misma táctica de Arzalluz, dejar que algunos descerebrados agiten los nogales para que los más astutos puedan quedarse con las nueces, pero es hora de que los españoles aprendan que no puede haber premio a la violencia, que la deslealtad se paga, que la Nación tiene memoria y dignidad y no debiera consentir por más tiempo que quienes la insultan y agreden se lleven luego los mejores frutos del trabajo honrado de la mayoría, los impuestos de todos. El hecho de que existan políticos dispuestos a dialogar con quienes nos agarran del cuello y están empezando a apretar con cara de tener derecho a hacerlo, es una desgracia, pero tarde o temprano tendrá remedio y castigo.

Mientras llega ese feliz momento, bastará con que sepamos deconstruir con claridad los falaces argumentos soberanistas, ese inexistente derecho a decidir que nos priva de la ciudadanía a todos los demás, y ese ridículo derecho a ejercer la violencia cuando se les antoje, sin que nadie haga lo que debe hacer por protegernos del mal.


viernes, 15 de noviembre de 2019

Tormentas solares escritas en Tablillas Cuneiformes Asirias

Astrónomos asirios detectaron hace 2700 años tormentas solares supermasivas que dejaron por escrito en tablillas cuneiformes

Tormentas solares escritas en tablillas cuneiformes asirias

En la más remota antigüedad, los primeros reyes asirios y, después, los babilónicos encargaron a sus respectivos astrólogos que exploraran los cielos en busca de presagios. Querían garantizar la continuidad de su reinado, ganar batallas y, naturalmente, dominar a sus súbditos. 

La astrología, entonces, no se reducía a la adivinación del futuro a través del horóscopo, sino que incluía observaciones estelares en busca de signos que presagiaran “algo” para su rey o para la población. 





Sabemos que esos astrólogos fueron capaces de predecir movimientos planetarios, detectar cometas y la lluvia de meteoritos, todo un prodigio para la astronomía de aquellos tiempos si tenemos en cuenta que no disponían de tecnología para observar el firmamento. 

Pero, llegaron a más. Un equipo de investigación dirigido por la Universidad de Tsukuba, en Japón, ha analizado tablillas cuneiformes que dejaron escritas aquellos astrónomos con sus observaciones de hace 2.700 años. Lo que han encontrado les ha dejado estupefactos pues acertaron a relacionar ciertos fenómenos con tormentas solares. 

Tres tablillas cuneiformes firmadas por Issār-šumu-ēreš, Nabû-aḫḫē-erıba y Zākiru respectivamente, escritas entre el siglo VII u VIII a. C. mencionan que el cielo se volvió rojo, las nubes se tiñeron de rojo o emitían un resplandor rojo. 

Los científicos japoneses combinaron estas observaciones antiguas con datos de radioisótopos (observando, por ejemplo, los anillos de los árboles) en busca de tormentas solares que pudieran datarse alrededor desde el año 679 al 655 a. C. y comprobaron cómo hace 2.700 años tuvieron lugar tres posibles tormentas magnéticas en Babilonia y en la ciudad asiria de Nínive, las cuales se mencionan simultáneamente en la Biblia.





Una de las tablillas detalla: "el rojo cubre el cielo", mientras que otra habla de una "nube roja". Estas fueron, según los científicos japoneses, manifestaciones de lo que hoy llamamos arcos rojos aurorales estables, que consisten en luz emitida por electrones de átomos de oxígeno atmosférico tras ser excitados por campos magnéticos intensos, un fenómeno que sucede durante las tormentas solares supermasivas. Yasuyuki Mitsuma, autor principal del trabajo se remite a este fenómeno solar y no a las auroras boreales por la latitud de las ciudades donde fueron detectadas.

Según un comunicado realizado desde la web de la Universidad japonesa, Mitsuma asegura que “estos hallazgos nos permiten recrear la historia de la actividad solar un siglo antes que los registros disponibles anteriormente". Y, añade que "esta investigación puede ayudar a nuestra capacidad de predecir futuras tormentas magnéticas solares, que pueden dañar los satélites y otras naves espaciales".

Periodista y escritor 
13 de Noviembre de 2019 (16:30 CET)

Exclusiva: Sonidos para salir de la Matrix






Impeachment de Trump y el escenario de Guerra Civil en EEUU (por Brandon Smith)

Resultado de imagen de Guerra Civil en EEUU

Cada vez más analistas importantes reconocen que Donald Trump es oposición controlada. Y mientras que la oposición controlada por ambas facciones del Cabal subestima a su audiencia haciéndole creer que el mundo atraviesa una lucha de cuento de hadas entre “buenos” y malos por la liberación planetaria, el autor y ex-agente de contrainteligencia Daniel Estulin, en base a un marco conceptual desarrollado por la inteligencia rusa, sostiene que en realidad son dos facciones de la élite occidental —una de ellas un poco menos negativa que la otra y aliada con élites de otras partes del globo— las que actualmente pelean entre sí por repartirse el mundo para imponer un Nuevo Orden Mundial totalitario, la primera, o un Nuevo Orden Mundial Multipolar, la segunda. 





Por su parte, Brandon Smith, un analista escéptico cuyas predicciones también se han venido cumpliendo con exactitud sorprendente —sobre todo las económicas— sostiene que todo el embrollo de falsos antagonismos, o mejor dicho de antagonismos pre-manufacturados por los que atraviesa la humanidad, en realidad forma parte de una escenificación teatral que la élite dirige para engañar a la gente y usar a Trump como chivo expiatorio mientras ellos se lavan las manos e imponen su agenda global mediante la estrategia del orden a través del caos. 

Para Brandon Smith no existen facciones realmente antagónicas, o al menos eso no es tan relevante, pues todas ellas trabajan en contubernio para engañar y esclavizar al ser humano de un modo u otro. 

Esto le ha valido críticas por parte del propio Daniel Estulin; sin embargo, en un artículo reciente, Brandon ofrece un escenario de guerra civil en los Estados Unidos que es compatible con el que Estulin empezó a exponer públicamente hace tres años y que sintetizó en un videocast reciente. “En este punto del juego, es difícil decir qué opción utilizarán los globalistas. 

Sin embargo, es vital que recordemos que el impeachment es una farsa en más de un sentido; y que el objetivo no es Trump, sino nosotros mismos”, advierte Brandon Smith. Enseguida, Daniel Estulin le recuerda que “desde 2002, la inteligencia rusa ya había preparado planes para la guerra de 2020”. 

Es decir que Rusia ya estaría preparada para orientar estos eventos y su repercusión global, por lo que matizando ambas perspectivas, tal vez muy pronto veremos cómo las élites occidentales usarán el escenario de guerras civiles controladas para reinventarse a sí mismas, para seguir martirizando al ser humano, y para redirigir sus agendas para sobrevivir en el nuevo orden liderado por Gran Eurasia

Finalmente, vale la pena abstraer el modus operandi que revela Brandon Smith y trasladarlo a lo que estamos viendo con la ola de golpes militares, protestas y revoluciones de color alrededor del mundo y en América Latina. 

Pues todo indica que las élites buscan hacer exactamente lo mismo en dicha región del continente: desestabilizar, generar caos, enfrentar la ideología de izquierda contra la de derecha (o la globalista contra la nacionalista), sacrificar chivos expiatorios, implantar nuevos gobiernos-títere y finalmente controlar los recursos naturales de las naciones a la vez que someten a la población a nuevos mecanismos de control bajo cualquiera de los dos modelos, o bajo una síntesis de ambos. 

¿Quiénes estarían detrás de todo este doble juego? Los mismos de siempre: las élites occidentales estadounidenses y las de la vieja aristocracia europea, especialmente las que controlan el imperio británico, el Vaticano jesuita y el sionismo internacional, así como otros linajes de la nobleza negra internacional que no operan de manera visible.

Impeachment de Trump y el escenario de la guerra civil, por Brandon Smith

Se ha hablado mucho el año pasado sobre una guerra civil en los EE.UU., tanto que incluso los principales medios de comunicación están impulsando el concepto últimamente. 

Una encuesta de Rasmussen en 2018 afirmó que el 31% de los votantes estadounidenses creían que Estados Unidos vería una segunda guerra civil en los próximos cinco años. Una encuesta más reciente del Instituto de Política y Servicio Público muestra que 7 de cada 10 votantes creen que Estados Unidos está a dos tercios del camino hacia la guerra civil.

Una nueva charla de “juicio político” sobre el tema de Ucrania ha agitado la sopa aún más, ya que algunos conservadores argumentan que si Trump es destituido de su cargo, estallará una guerra.

Quiero ser absolutamente claro y afirmar que sigo siendo muy escéptico de que el circo de destitución sea algo más que otra distracción para el público, y creo que no irá a ninguna parte (como el Russiagate). Dicho esto, creo que hay una posibilidad marginal de que los globalistas implementen una jugada de cuarta generación. Una guerra civil, si se dirige y manipula de la manera correcta, podría beneficiar enormemente a las élites siempre que se combine con algunos otros ingredientes.


Primero, debemos entender cuál es la situación real aquí. Como mis lectores saben, predije mucho antes de las elecciones de 2016 que Trump como presidente sería el chivo expiatorio perfecto para la implosión de la “burbuja de todo”

Esa implosión está ocurriendo en casi todos los indicadores económicos fundamentales en este momento, como describí en mi último artículo. Hay dos preguntas a considerar en este punto: ¿Seguirán los mercados de valores los fundamentos antes de las elecciones de 2020? Y, si las existencias permanecen altas, ¿será importante mientras el resto del sistema cae en recesión?

En enero de 2016, durante su campaña electoral, Donald Trump dijo que la economía de Estados Unidos estaba “en una burbuja que temía que estallara y que no quería lidiar con un colapso financiero si fuera elegido para la Casa Blanca”. Llamó a la Reserva Federal a aumentar las tasas de interés y dejar de apuntalar los mercados falsos.

En 2019, Trump atribuyó su administración completamente al desempeño de los mercados con interminables comentarios de Twitter, y se atribuyó el crédito total por la burbuja financiera que alguna vez criticó. 

Ahora también ha pedido que la Fed reduzca las tasas de interés a cero para respaldar artificialmente la economía una vez más (Obviamente tenemos que hacer la gran pregunta: si esta es la “mayor economía de Estados Unidos”, entonces ¿por qué Trump querría que la Fed introdujera más estímulos para apuntalarlo?). 

Creo que este bizarro comportamiento es completamente deliberado por parte de Trump y que tiene la intención de culparle del accidente en curso. Si las acciones caen junto con el resto de la economía para fines de 2020, es poco probable que los globalistas planeen mantenerlo cerca por un segundo mandato. Su trabajo como chivo expiatorio de la crisis que crearon los bancos centrales se cumplirá.

En segundo lugar, mis lectores también son conscientes de que he esbozado las conexiones entre Trump y los globalistas, incluida la forma en que gran parte de su fortuna y su imagen fueron salvadas por un rescate de la familia Rothschild durante la década de 1990. Wilbur Ross, el agente Rothschild que arregló el acuerdo, ahora es el Secretario de Comercio de Trump. 

La presencia de Ross en el gabinete de Trump junto con numerosas otros agentes de la élite, como Pompeo, Mnuchin, Lightheizer, Kudlow y un anfitrión de otros miembros del Consejo de Relaciones Exteriores, indica que Trump es y probablemente siempre ha sido oposición controlada. Cuando un agente élite sale del gabinete de Trump, simplemente es sustituido por otro.

A menudo escucho el argumento de que los supuestos procedimientos de juicio político son una “prueba” de que los globalistas están tratando de destruir a Trump. Esto es claramente una tontería, ya que Trump continúa trabajando estrechamente con tales élites a diario.

 La explicación más probable es que, al igual que el Russiagate, el impeachment es en sí mismo una farsa diseñada para mantener al público estadounidense fuertemente dividido y listo para ir a la guerra en cualquier momento. De hecho, las posibilidades de que la debacle de Ucrania reviente a Joe Biden y su campaña en las primarias demócratas son altas.

Obviamente, Biden NO es el candidato que las élites pretenden dirigir del lado demócrata, y el teatro de Ucrania crea una justificación para que él se retire mientras evoca cada vez más enojo en ambos lados del cañón político. ¿Pero esto significa que Trump no será acusado? No necesariamente…

Trump está en la posición en la que se encuentra por una razón. Trump es un peón útil de varias maneras, siempre y cuando su influencia sobre los conservadores se mantenga fuerte y su posición pueda ser explotada al máximo. 

Por ejemplo, en mi escenario más probable, una caída del mercado sigue rápidamente la caída actual de los fundamentos antes de las elecciones de 2020. Esto esencialmente garantiza la derrota de Trump en noviembre, mientras que sus partidarios conservadores y los principios conservadores en general se responsabilizan por el desastre. Sin embargo, ¿qué pasa si las élites buscan agregar aún más caos al caldero?





Un juicio político que conduzca a las elecciones, ya sea exitoso o no, podría usarse para enfurecer a los conservadores y desencadenar una reacción violenta contra los demócratas específicamente. Si Trump pierde las elecciones o nunca llega a las elecciones debido a un juicio político, se producirán una serie de resultados que son beneficiosos para los globalistas a pesar de que Trump es uno de sus títeres:

1) El escenario de juicio político hará que los izquierdistas rabiosos se sientan vindicados en su comportamiento demente en los últimos años. Eso los recompensará y los inspirará a actuar aún más radicalmente.

2) Los conservadores podrían ser llevados al límite a la acción directa, pero desafortunadamente, si esta acción directa se dirige al azar hacia la izquierda política y los demócratas, los conservadores habrán sido estafados. Los globalistas QUIEREN que peleemos por un títere sin sentido como Trump. QUIEREN que dirijamos nuestra ira contra los demócratas en lugar de contra ellos.

3) Si somos lo suficientemente estúpidos como para pelear una guerra contra Trump, esto conducirá a algunos resultados perjudiciales. Los conservadores, aunque se sienten justificados en sus acciones, se verán como villanos, luchando para proteger a un líder que destruyó la economía de los Estados Unidos causando un sufrimiento público incalculable, así como un líder que la mayoría del mundo verá como personalmente corrupto. Trump no es una inspiración resistente a largo plazo para una rebelión, ni siquiera es una buena inspiración a corto plazo.

4) Las rebeliones necesitan atención y un conjunto de principios y virtudes fuertes para mantenerse con vida. Si son luchadores por la libertad, entonces el establecimiento buscará que parezcan que no son luchadores por la libertad, sino terroristas de autoservicio o agentes de una potencia extranjera. Este proceso ya ha sido iniciado por las élites. 

Trump es la herramienta para la cooptación del movimiento de libertad. La acusación podría ser un desencadenante para atraer al movimiento a rebelarse con falsas pretensiones y atacar a las personas equivocadas (los izquierdistas son solo un síntoma de la enfermedad, los globalistas SON la enfermedad).

5) Una guerra civil que no busca atacar a los globalistas ya que el problema raíz podría ser moldeado fácilmente por los globalistas en un chivo expiatorio para cualquier calamidad que deseen. Un colapso económico bajo Trump atribuiría mucha culpa periférica a los conservadores. Pero, un colapso económico y una guerra civil por el juicio político de Trump atribuirían TODA la culpa a los conservadores.

 Los conservadores se convierten en los malos de la época, las personas que casi terminaron con el mundo, las personas que las generaciones futuras aprenderán a despreciar como ejemplos de los “males del nacionalismo y el populismo”.

6) Una guerra peleada en nombre de principios defectuosos y un líder fallido proporcionaría una razón para que los globalistas persigan una respuesta internacional a la crisis. Y nuevamente, esto no se vería como una invasión de la soberanía estadounidense, sino como un intento global de “mantener la paz”.

¿Entonces, cuál es la solución? ¿Es este un Catch-22 del que los conservadores no pueden escapar? Durante mucho tiempo he sostenido que una guerra entre activistas por la libertad y los globalistas es inevitable, si no hace mucho tiempo.

 Los globalistas saben que esta guerra también se acerca. Las tácticas de guerra de cuarta generación dictan que los globalistas intentarán engañar a los activistas de la libertad para que luchen en esta guerra bajo sus propios términos. Es decir, los globalistas buscarán convertirnos a nosotros (sus oponentes) en aliados inconscientes. La estrategia de destitución de Trump podría proporcionarles ese tipo de influencia psicológica.

Muchos conservadores lo verían como un golpe de estado demócrata y una violación de la constitución. Con activistas de izquierda tan viciosamente cultos y mucho más allá de toda lógica o razón, la izquierda política y la derecha política podrían terminar disparándose entre sí de todos modos. El problema es la narrativa bajo la cual esto ocurre.

Si los activistas de la libertad permanecen enfocados en el objetivo principal (sacar a los globalistas del poder), en lugar de ser atraídos a enfocar toda su energía en los demócratas, entonces el escenario cambia. Si los conservadores siguen siendo escépticos y críticos con las asociaciones y actividades de Trump, esto dificulta que las élites nos pinten como “camisas marrones de Trump”. 

Ciertas personas dentro del movimiento de la libertad no han sido útiles en este sentido; defender ciegamente a Trump a cada paso, sin importar cuántos agentes de la élite traiga a su gabinete o cuántas veces se tome el crédito por la burbuja económica. Algunas de estas personas han pedido una guerra civil en nombre de detener una destitución de Trump. Se han convertido en idiotas útiles para la agenda globalista.

Si se libra una guerra, debe ser sobre un conjunto concreto de disputas. Si un demócrata ingresa a la Casa Blanca después de las elecciones de 2020 e intenta instituir medidas importantes de control de armas y confiscación de armas, entonces esta es una razón perfectamente sólida para luchar. Si intentan imponer restricciones de carbono que destruyan lo que queda de nuestra economía y causen sufrimiento entre el público, entonces esta es otra buena razón para luchar. Si intentan legislar aún más programas socialistas, usurpando parámetros constitucionales y gravando a la población a la pobreza perpetua, entonces sí, deberíamos luchar.

MENTE ALTERNATIVA  NOVIEMBRE 14, 2019

Fuente:

Brandon Smith / Alt-Market — Trump impeachment and the civil war scenario.